Recuerda que eres polvo
y al polvo volverás.
May it be a light to you in dark places, when all other lights go out
Y supongo que no, nadie quiere verte almorzar a las tres de la tarde una sopa instantánea, aunque afuera haga casi treinta y tres grados centígrados, porque es casi verano -afuera-. Pensalo al revés: imaginate a cualquiera, en pijama, sentado en su sillón un día martes a las tres de la tarde de un casi verano, sopando pan integral en una taza llena de sopa; imaginate el hilo de sopa escurriéndose por el costado de su boca, que se limpia con el dorso de la mano porque dejó las servilletas en la cocina. Definitivamente no son las fotos que mostrarías en redes, de las que se enamoraría alguien. Tomar sopa con las cortinas cerradas, forzando la vista para leer una novela que ya leíste otras cuatro veces. El pijama lleno de pelos de gato.
Definitivamente no.
Anna.
"I'd imagine the whole world was one big machine. Machines never come with any extra parts, you know. They always come with the exact amount they need. So I figured, if the entire world was one big machine, I couldn't be an extra part. I had to be here for some reason. And that means you have to be here for some reason, too."
The invention of Hugo Cabret (2011)
Escribo en el puente entre mis 38 y 39. Paso la línea invisible que hace que mi edad, a fines prácticos, sea 40. Pero ¿qué edad tengo? ¿A qué edad se dan las revelaciones? ¿Cuándo llega la mayoría de la gente a saber quién es? De chico me sentí siempre a gusto con grandes: me respondían con información, me hablaban (a veces) en serio y no se sentían habilitados para agredirme si decía algo extraño. De grande me veo cada vez más como un nene con canas. Mi cuerpo sigue siendo torpe, se siente ajeno en la mayoría de los lugares, dudando en ese espacio de otros. Lo que digo sigue descolocando, ignoro lo que la mayoría da por sentado, digo cosas inesperadas, me entusiasmo "como un chico" por lo más pequeño. A pesar de contar con mi diagnóstico, llego tarde a la vida. Llego a lo que soy cuando para la mayoría ya soy viejo. Tengo más miedos, más conocimientos, precauciones, prudencia, cansancio, criterio, cautela. No tengo la audacia de sentirme nuevo. Llego a la mitad de mi vida sin algo genuino mío. Sin embargo, escribo. Disperso, movido por el mar, buscando sin encontrar mucho, hasta ahora. Tener diagnóstico es empezar a a conocer tu lenguaje, a hacer lo que deseamos. Si antes caminé y toqué terreno flojo, hoy, lo que hago me hace.
En este instante soy más viejo que todos mis músicos favoritos cuando hicieron su mejor disco. No puedo volver el tiempo atrás. Si fui un nene demasiado adulto, si soy un tipo todavía inmaduro para los demás, informo de acá en más que el tiempo no importa. Mi cabeza vivió dos o tres vidas en estos 38 años, reduplicando, multiplicando, perdida en espirales de palabras. Tengo 76, 124, 162 años. Todos, nada, ninguno, mi tiempo no es su tiempo. en el parpadeo de un rayo armo sistema, entiendo y aparece algo nuevo. Solo ahora sé quién soy. Todavía puedo pensar, cantar, escribir, contar, hacer. Recién arranco. Tengo, digamos, 25.
Y quiero hacer todo.