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julio 21, 2022

Nothing that you love
Is ever lost
Why, how could it ever be
When you loved from within



Poem by Athey Thompson 
Photographer Jean Philippe Charbonnier 1958




enero 07, 2019

Soy así, como los gatos. Desconfiada, invasiva, tímida, absurda, inconstante. Me tomo mi tiempo para medir las cosas. Me paso horas mirando por la ventana, y a veces sólo sé desaparecer. Me hipnotizan los brillos y los detalles tontos. Sueño con los pájaros que me gustaría algún día atrapar. Soy así. Como los gatos. Obsesiva, incisiva, pasional, intensa, vaga. Testaruda. Estoy más despierta de noche sola que de día con los demás. Me gusta besar con la mirada, dormir inverosímilmente, lavarme las manos cada dos por tres. Cantarle a la luna la tristeza de ese amor que no tuve y que perdí, y las caricias simples. Peleadora, ridícula, tierna sin querer. Como los gatos. Así.



Anna.

septiembre 29, 2016

Mucho más grave (fragmento)

Porque gracias a vos he descubierto,
(dirás que ya era hora y con razón),
que el amor es una bahía linda y generosa,
que se ilumina y se oscurece,
según venga la vida,
una bahía donde los barcos llegan y se van,
llegan con pájaros y augurios,
y se van con sirenas y nubarrones.
Una bahía linda y generosa,
Donde los barcos llegan y se van.


Mario Benedetti


enero 16, 2016

desposeída de tí
no tengo alas
me habita la oquedad
del desamparo
soy una máscara
lavada por la lluvia
una lámpara gastada
una lámpara imposible
una mariposa oscura

sometida a orfandad
desespero de tí
Diego mi niño
me ha vencido
el silencio
desguarnecida
nada me protege

¿dónde la casa azul?
¿dónde el jardín?
¿dónde el naranjo de aquel día?

estoy cansada
hueca
la sangre desborda
por el marco
se agita el viento
de la locura
sin tí soy esta herida
que no cesa de manar

el universo estalla
se deshace
¿dónde tus manos Diego?
¿dónde tu fuego dentro de mi carne?
¿dónde el refugio de tu cuerpo?

Nélida Cañas

noviembre 25, 2015

Llueve. El delantal está mojado. Y las medias. Los zapatos no, porque te los sacaste, caminaste todo el camino hasta acá (desde que empezó a llover) sin zapatos. No era por un adolescente deseo de saltar en los charcos, de sentir la lluvia en los dedos. En realidad te molestó bastante mojarte, pero es tu único par de zapatos, y con esta lluvia el falso cuero podría desarmarse en un instante. Y entonces ¿con qué ibas a ir al colegio mañana? Tu mamá te hubiese mandado de zapatillas, sin entender que hay una profesora que pone notas por el uniforme, o que las zapatillas blancas con medias azules no combinan, o que qué vergüenza estar de zapatillas en medio de todas las otras chicas con zapatos.
No importa mucho ahora, los zapatos están secos. Igual que todos tus libros, que cuidaste del agua abrazando la mochila como a un tesoro. Tampoco nadie entendería por qué son tan valiosas todas esas carpetas, en las que pusiste tanto amor. Sí, amor. Hay amor en la tinta azul con la que escribiste el número en cada hoja, y en el subrayado rosa de cada título. Un amor que nadie podría entender jamás, y que necesita ser protegido de la lluvia.

Necesitás llegar rápido y ponerte a estudiar. El olor de las hojas rivadavia tiene algo que te tranquiliza y te ata a la tierra. Solamente ahí, entre todas esas letras sabés encontrarte a vos misma. Mientras colgás el delantal empapado sobre la bañera, se te cruza preguntarte a dónde habrán ido los otros. Por un instante mirás la sombra que se refleja en el espejo del baño y te parece entender, casi con la dolorosa claridad de tus apuntes del colegio. Vos sí podés entender esas cosas. No como ellos, que no entienden por qué te mojabas el pelo pero protegías las carpetas, o por qué tenías que volver en lugar de ir con ellos. Pero vos tenías que volver. Tenías que llegar, y sacarte la ropa, y mirarte al espejo y abrazarte las rodillas blancas y rechonchas y llorar un poco. Sí, tenías que volver y llorar sobre esos  mismos libros que venías protegiendo de la lluvia, tenías que ver la tinta correrse de la misma mano de la que con tanto amor antes las había dibujado. Tenías que volver, porque vos sí entendés que ellos se hayan ido juntos y te hayan dejado, manchita celeste de delantal sin paraguas en el umbral gris del colegio. Vos los entendés, aunque ellos no entiendan ni vayan a entender nunca por qué vos preferías mojarte las medias.



Anna.

septiembre 14, 2012

“I sometimes longed for someone who, like me, had not adjusted perfectly with his age, and such a person was hard to find; but I soon discovered cats, in which I could imagine a condition like mine, and books, where I found it quite often.”



Julio Cortázar
Around the Day in Eighty Worlds

junio 04, 2012

Señales de tránsito

Reuní un congreso de hormigas putas para que masticaran las hojas de tu recuerdo. Te borré de las paredes, del techo, del aire. Dediqué días y noches a borrarte. Lijé maderas, sombras y sábanas. Borré tu culo de las sillas. Hice un trabajo de borradería tan bueno que, si algún día volvés, cuando trates de hablar, verás que tenés borradas la lengua y las palabras.


José Sbarra
Del libro Plástico Cruel

mayo 19, 2012

Los pro y los contra de hacer dedo

Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato y que sea negro y que mire de amarillo y que se enrosque y que nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco la lluvia y el frío. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que un hombre te espere en otra parte. Que sea otra vez otoño. Otoño y Que llueva. Y que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y que te quedes.

José Sbarra

marzo 20, 2012

Hoy me acordé de cuando contábamos semillas en la casa de tu abuela. Tu voz ronca de contar, el negro duro de las semillitas. Mil y tres semillas. O tal vez mil y cuatro. Tal vez no eran mil, después de todo.

Ahora cuando pienso en vos y te sé lejos, me parece que mi vida entera es como aquella vez: contar semillas, perder la cuenta, empezar de nuevo.

http://absent-minded-idiot.deviantart.com/

Anna.

enero 30, 2012

La boca

Boca que arrastra mi boca: 
boca que me has arrastrado: 
boca que vienes de lejos 
a iluminarme de rayos. 

Alba que das a mis noches 
un resplandor rojo y blanco. 
Boca poblada de bocas: 
pájaro lleno de pájaros. 

Canción que vuelve las alas 
hacia arriba y hacia abajo. 

Muerte reducida a besos, 
a sed de morir despacio, 
das a la grama sangrante 
dos fúlgidos aletazos. 

El labio de arriba el cielo 
y la tierra el otro labio. 

Beso que rueda en la sombra: 
beso que viene rodando 
desde el primer cementerio 
hasta los últimos astros. 

Astro que tiene tu boca 
enmudecido y cerrado 
hasta que un roce celeste 
hace que vibren sus párpados. 

Beso que va a un porvenir 
de muchachas y muchachos, 
que no dejarán desiertos 
ni las calles ni los campos. 

¡Cuánta boca enterrada, 
sin boca, desenterramos! 

Beso en tu boca por ellos, 
brindo en tu boca por tantos 
que cayeron sobre el vino 
de los amorosos vasos. 

Hoy son recuerdos, recuerdos, 
besos distantes y amargos. 

Hundo en tu boca mi vida, 
oigo rumores de espacios, 
y el infinito parece 
que sobre mí se ha volcado. 

He de volverte a besar, 
he de volver, hundo, caigo, 
mientras descienden los siglos 
hacia los hondos barrancos 
como una febril nevada 
de besos y enamorados. 

Boca que desenterraste 
el amanecer más claro 
con tu lengua. Tres palabras, 
tres fuegos has heredado: 
vida, muerte, amor. Ahí quedan 
escritos sobre tus labios.


Miguel Hernández

octubre 22, 2011

No me arrepiento de nada

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.

No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.

Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.

No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.

Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.



Gioconda Belli

octubre 14, 2011

En un rinconcito con ventana, medio escondido entre las cortinas, hay un hueco donde los días son más lindos que en el resto de la casa. El verano mete los dedos por ahí a veces y la lluvia es un orgasmo dulce y húmedo sobre el cristal de colores. Las noches con estrellas, hay fiesta detrás de las cortinas; y cuando tus papás no miran, mil colores que bailan alrededor de tu ombligo. 



Anna.

septiembre 09, 2011

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes. Tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes. Tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes. Tristes.


Miguel Hernández
(Imagen: Bansky)

abril 30, 2011

Del por qué de las playas

El hombre que camina y no sabe lo que busca
se ha declarado arena
y podría sentirse sol entre las algas y los ripios.
¡Loco acantilado consumido y no acostado nunca!

Porque la playa es un lugar de ciertos sueños
hacia donde emigra la cabeza del enigma
y se hace sal el universo.
Atrás quedan las gaviotas, el agujero de las nubes.
Esas aguas se conservan entre el viento.

Alguien que ha jugado y se ha dormido
ya es el cielo.
Se ha tomado de sí mismo
en un abismo mudamente coloreado de cerezas.
Nadie descubre al hombre solo que no busca lo que quiere,
pero desde adentro sabe transformar.
A veces se comporta como un último lugar.
Porque sí, desde hace mucho.

Hasta que el agua le haga dientes y riquezas
y le socave el vientre de los nidos
y los ojos casi carne del éter
y el hombre ya no esté.
Por más que se lo quiera buscar, no esté
ni como piel, ni como piedra,
o esté jugando a ser como la roca.


L. A. Spinetta