octubre 27, 2025
Delusion:
octubre 13, 2025
septiembre 02, 2025
agosto 17, 2025
Y si fueras tú
como una estrella espera el alba,
como un suspiro busca el aire.
todo se alinea, todo resuena
como si cada instante antes de ti
no hubiera sido más
que un preludio de nosotros.
mayo 17, 2025
mayo 07, 2025
Miguel Gane
abril 30, 2025
En obra (fragmento)
Escribo en el puente entre mis 38 y 39. Paso la línea invisible que hace que mi edad, a fines prácticos, sea 40. Pero ¿qué edad tengo? ¿A qué edad se dan las revelaciones? ¿Cuándo llega la mayoría de la gente a saber quién es? De chico me sentí siempre a gusto con grandes: me respondían con información, me hablaban (a veces) en serio y no se sentían habilitados para agredirme si decía algo extraño. De grande me veo cada vez más como un nene con canas. Mi cuerpo sigue siendo torpe, se siente ajeno en la mayoría de los lugares, dudando en ese espacio de otros. Lo que digo sigue descolocando, ignoro lo que la mayoría da por sentado, digo cosas inesperadas, me entusiasmo "como un chico" por lo más pequeño. A pesar de contar con mi diagnóstico, llego tarde a la vida. Llego a lo que soy cuando para la mayoría ya soy viejo. Tengo más miedos, más conocimientos, precauciones, prudencia, cansancio, criterio, cautela. No tengo la audacia de sentirme nuevo. Llego a la mitad de mi vida sin algo genuino mío. Sin embargo, escribo. Disperso, movido por el mar, buscando sin encontrar mucho, hasta ahora. Tener diagnóstico es empezar a a conocer tu lenguaje, a hacer lo que deseamos. Si antes caminé y toqué terreno flojo, hoy, lo que hago me hace.
En este instante soy más viejo que todos mis músicos favoritos cuando hicieron su mejor disco. No puedo volver el tiempo atrás. Si fui un nene demasiado adulto, si soy un tipo todavía inmaduro para los demás, informo de acá en más que el tiempo no importa. Mi cabeza vivió dos o tres vidas en estos 38 años, reduplicando, multiplicando, perdida en espirales de palabras. Tengo 76, 124, 162 años. Todos, nada, ninguno, mi tiempo no es su tiempo. en el parpadeo de un rayo armo sistema, entiendo y aparece algo nuevo. Solo ahora sé quién soy. Todavía puedo pensar, cantar, escribir, contar, hacer. Recién arranco. Tengo, digamos, 25.
Y quiero hacer todo.
RARO - Un libro urgente sobre autismo (fragmento)
noviembre 24, 2024
Edna St Vincent Millay
mayo 28, 2023
Tú no sabes amar
enero 17, 2023
septiembre 14, 2022
Il dolce far niente
- Te sientes culpable porque eres americana. No sabes cómo divertirte.
- ¿Cómo dices?
- Es cierto. Los americanos saben de entretenimiento pero no de placer.
(...)
- Escuchame, ¿sabes cuál es su problema? Americanos... trabajan demasiado, hasta el límite. Luego vuelven a casa y se pasan el fin de semana frente al televisor.
- Se acerca mucho a la verdad, es cierto.
- Pero no conocen el placer. Tienen que decirles que se lo merecen. Ven un comercial que dice "Tómate esta cerveza" y ustedes dicen "Lo haré; de hecho, compraré un cajón completo"; se lo beben todo y despiertan a la mañana siguiente sintiéndose terribles. Pero a un italiano no tienen que decírselo: se encuentra en el camino un letrero que dice "Te mereces un descanso hoy" y él dice "Sí, lo sé. Por eso pienso tomarme un descanso en la tarde para dirigirme a tu casa... ¡y acostarme con tu esposa!".
- Le llamamos "dolce far niente". Significa "la dulzura de no hacer nada". Somos maestros en eso.
agosto 11, 2022
julio 30, 2022
Desiderata
y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.
En cuanto sea posible y sin rendirte,
mantén buenas relaciones con todas las personas.
Enuncia tu verdad de una manera serena y clara,
y escucha a los demás,
incluso al torpe e ignorante,
también ellos tienen su propia historia.
Esquiva a las personas ruidosas y agresivas,
pues son un fastidio para el espíritu.
Si te comparas con los demás,
te volverás vano y amargado
pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus éxitos,
lo mismo que de tus planes.
Mantén el interés en tu propia carrera,
por humilde que sea,
ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.
Sé cauto en tus negocios,
pues el mundo está lleno de engaños.
Más no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe,
hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales,
la vida está llena de heroísmo.
Sé sincero contigo mismo,
en especial no finjas el afecto,
y no seas cínico en el amor,
pues en medio de todas las arideces y desengaños,
es perenne como la hierba.
Acata dócilmente el consejo de los años,
abandonando con donaire las cosas de la juventud.
Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja de las adversidades repentinas,
más no te agotes con pensamientos oscuros,
muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Sobre una sana disciplina,
sé benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del universo,
no menos que las plantas y las estrellas,
tienes derecho a existir,
y sea que te resulte claro o no,
indudablemente el universo marcha como debiera.
Por eso debes estar en paz con Dios,
cualquiera que sea tu idea de Él,
y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,
conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con todas sus farsas,
penalidades y sueños fallidos,
el mundo es todavía hermoso.
Sé cauto.
Esfuérzate por ser feliz.
Max Ehrmann
julio 21, 2022
abril 24, 2022
febrero 19, 2022
Dos
Yo sólo quería dormir. Quería pequeñas cápsulas azules de doscientos miligramos de Amital Sodio. Quería píldoras azules y rojas de Tuinal, y pastillas de Seconal de color rojo carmín.
El médico me dijo que si mascaba raíces de valeriana y hacía más ejercicio, al final, conseguiría dormir.
como si les estuvieran apuntando a la cabeza con una pistola invisible.
colgando, vacíos y tristes. Cloe me cuenta que lo peor de sus parásitos cerebrales era que nadie se quería acostar con ella. Allí estaba, tan próxima a la muerte que le habían liquidado la póliza del seguro de vida con setenta y cinco mil pavos y, en realidad, lo único que Cloe deseaba era echar un último polvo. Nada de intimidades, sólo sexo.
demasiado aburrida para seguir un tratamiento. Películas pornográficas, tenía películas pornográficas en su apartamento.
curaba, que flotaba alrededor de los pies y subía por las rodillas, la cintura y el pecho. Nuestros chakras se abrían. El chakra del corazón. El chakra de la cabeza. Con sus palabras Cloe nos introdujo en cuevas donde nos encontramos con el animal que era nuestro guía. El mío era un pingüino.
Así que no lloré durante la primera visita a un grupo de apoyo, hace dos años. Tampoco lloré en mi segunda y tercera visita. No lloré en las sesiones de parásitos sanguíneos, ni en las de cáncer intestinal o demencia encefálica orgánica.
Chuck Palahniuk
PD: Te amo (cap 30 - fragmento)
Holly llegó al restaurante a las ocho y veinte, ya que había pasado horas probándose distintos conjuntos. Finalmente escogió lo que Gerry le había indicado que se pusiera el día del karaoke, para así sentirse más próxima a él. Las últimas semanas no habían sido fáciles, los momentos malos habían prevalecido sobre los buenos y le estaba costando trabajo recobrar la entereza.
Mientras se dirigía a la mesa del restaurante el corazón le dio un brinco.
Vivan las parejas.
Se detuvo a medio camino y se hizo a un lado, ocultándose tras la pared. No estaba segura de poder enfrentarse con aquello. Le faltaban fuerzas para mantener a raya sus sentimientos. Echó un vistazo alrededor en busca de la mejor vía de escape; desde luego no podía marcharse por donde había entrado, ya que sin duda la verían. Vio una salida de emergencia al lado de la puerta de la cocina, la habían dejado abierta para mejorar la ventilación del local. En cuanto respiró aire fresco, se sintió libre otra vez. Atravesó el aparcamiento pensando qué excusa daría a Sharon y Denise.
—Hola, Holly.
—Qué tal, Daniel. —Fue a su encuentro—. No sabía que fumaras.
—Sólo cuando estoy nervioso.
—¿Estás nervioso? —Se dieron un abrazo.
—Me estaba armando de valor para reunirme ahí dentro con el Sindicato de Parejas Felices.
—¿Tú también?
—Bueno, si quieres no les diré que te he visto.
—¿Vas a entrar?
—De vez en cuando hay que apechugar —dijo Daniel, aplastando la colilla del cigarrillo con el pie.
—Supongo que tienes razón —convino Holly con aire reflexivo.
—No tienes que entrar si no te apetece. No quiero ser el causante de que pases una mala velada.
—Al contrario, será agradable contar con la compañía de otro corazón solitario. Somos muy pocos los que quedamos de nuestra especie.
—¿Vamos?
—Por cierto, tengo intención de largarme en cuanto terminemos el segundo plato —aclaró Daniel.
—Traidor —contestó Holly, dándole un codazo en broma—. En fin, yo también tengo que marcharme pronto si no quiero perder el último autobús. —Hacía unos días que no tenía dinero suficiente para llenar el depósito del coche.
—Pues entonces tenemos la excusa perfecta. Diré que tengo que irme pronto porque te acompaño a casa y que tienes que estar de vuelta a… ¿qué hora?
—¿Las once y media? —A las doce tenía previsto abrir el sobre de septiembre.
—Perfecto. Daniel sonrió y se adentraron en el comedor, sintiéndose más valientes gracias a su complicidad.
—¡Aquí llegan! —anunció Denise cuando se aproximaron a la mesa. Holly se sentó al lado de Daniel, pegándose como una lapa a su coartada.
—Perdonad el retraso —se disculpó.
—Holly, éstos son Catherine y Thomas, Meter y Sue, Joanne y Paul, Tracey y Bryan, a John y Sharon ya los conoces, Geoffrey y Samantha y, por último pero no por ello menos importantes, éstos son Des y Simon.
—Hola, somos Daniel y Holly —parodió Daniel con agudeza, y Holly tuvo que aguantarse la risa.
—Ya hemos pedido, espero que no os importe —explicó Denise—. Pero traerán un montón de platos distintos que podemos compartir. ¿Os parece bien?
—Dime, Holly, ¿tú qué haces?
—Perdona, ¿qué hago cuándo? —contestó Holly con seriedad. Detestaba a la gente entrometida. Detestaba las conversaciones que giraban en torno a lo que la gente hacía para ganarse la vida, sobre todo cuando se trataba de perfectos desconocidos que acababan de presentarle. Advirtió que Daniel temblaba de risa a su lado.
—Yo… bueno… ahora mismo estoy sin trabajo —confesó con voz temblorosa. La mujer torció la boca y se quitó una miga de entre los dientes con un gesto de lo más vulgar.
—¿Y tú qué haces? —preguntó Daniel, levantando la voz para romper el silencio.
—Oh, Geoffrey dirige su propio negocio —contestó la mujer, volviéndose con orgullo hacia su marido.
—Estupendo, pero ¿qué haces tú? —insistió Daniel.
—Bueno, ando todo el día ocupada haciendo un montón de cosas distintas. Cariño, ¿por qué no les cuentas lo que hacéis en la empresa?
—No es más que un pequeño negocio. Dio un mordisco a su panecillo, masticó lentamente y todos aguardaron hasta que se lo tragó para poder proseguir.
—Pequeño pero exitoso —agregó su esposa por él. Geoffrey por fin acabó de comerse el bocado de pan.
—Hacemos parabrisas de coche y los vendemos a los mayoristas.
—Uau, qué interesante —dijo Daniel secamente.
—¿Y tú a qué te dedicas, Dermot? —preguntó la mujer, dirigiéndose a Daniel.
—Perdona, pero me llamo Daniel. Tengo un pub.
—Ya. —Asintió con la cabeza y miró hacia otra parte—. Qué tiempo tan malo estamos teniendo estos días, ¿verdad? —preguntó a la mesa.
—¿Qué tal las vacaciones?
—Oh, lo pasé de maravilla —contestó Holly—. Nos lo tomamos con calma y no hicimos más que descansar, nada de desenfrenos ni locuras.
—Justo lo que necesitabas —convino Daniel, sonriendo—. Me enteré de vuestra aventura marina.
—Bueno, seguro que te dio una versión exagerada.
—No tanto, la verdad, sólo me contó que estabais rodeadas de tiburones y que tuvieron que sacaron del mar con un helicóptero.
—¡No puede ser!
—Claro que no —dijo Daniel, y soltó una carcajada—. Aun así, ¡debíais de estar enfrascadas en una conversación muy jugosa para no daros cuenta de que ibais mar adentro a la deriva!
—Atención todos —llamó Denise —. Probablemente os estaréis preguntando por qué Tom y yo os hemos invitado aquí esta noche.
—El eufemismo del año —murmuró Daniel, haciendo reír a Holly.
—Bien, tenemos que anunciaron una cosa. Miró a los presentes y sonrió. —¡Una servidora y Tom vamos a casarnos! —chilló Denise. Perpleja, Holly se tapó la boca con las manos. Aquello la había cogido desprevenida.
—¡Oh, Denise! —exclamó con un grito ahogado, y rodeó la mesa para abrazarlos—. ¡Qué maravillosa noticia! ¡Felicidades!
—¡Un momento! ¡Un momento! —Denise los detuvo justo antes de que empezaran—. Sharon, ¿no tienes copa? Todos miraron a Sharon, que sostenía un vaso de zumo de naranja en la mano.
—Aquí tienes —dijo Tom, llenándole una copa.
—¡No, no, no! No beberé, gracias —dijo Sharon.
—¿Por qué no? —vociferó Denise disgustada porque su amiga no quería celebrar su compromiso. John y Sharon se miraron a los ojos y sonrieron.
—Bueno, no queríamos decir nada porque ésta es la noche de Tom y Denise…
—Bien… ¡Estoy embarazada! ¡John y yo vamos a tener un hijo!
—¡Pues brindemos por el compromiso de Tom y Denise y por el bebé de Sharon y John!
—¿Quieres que adelantemos la retirada a las once? —propuso Daniel en un susurro. Holly asintió en silencio.
—¿Cuánto dejo para la cuenta? —preguntó Holly a Denise.
—Nada, no te preocupes —contestó Denise, restándole importancia con un ademán.
—No seas tonta, no voy a dejar que pagues mi parte. ¿Cuánto es?
—Bien, sale a unos cincuenta por cabeza, contando el vino y las botellas de champán.
—Venga, vámonos, Holly.
Holly fue a disculparse por no llevar consigo tanto dinero como creía, pero al abrir la palma de la mano vio que había un nuevo billete de veinte.
Sonrió agradecida a Daniel y ambos se dirigieron al coche.
—¿Te apetece entrar a tomar un té o lo que sea?
—Menuda nochecita, ¿eh? —dijo Daniel tras beber un sorbo de café. Holly meneó la cabeza con escepticismo.
—Daniel, conozco a esas chicas prácticamente de toda la vida y te aseguro que no esperaba nada de esto.
—Bueno, si te sirve de consuelo, yo hace años que conozco a Tom y no me había dicho ni pío.
—Aunque ahora que lo pienso, Sharon no bebió nada mientras estuvimos fuera. —No había escuchado ni una palabra de lo que le acababa de decir Daniel—. Y vomitó algunas mañanas, aunque dijo que se debía al mareo… —Se interrumpió mientras iba encajando las piezas mentalmente.
—¿El mareo? —preguntó Daniel, confuso.
—Sí, después de nuestra aventura en el mar —explicó Holly.
—Ah, claro.
—Qué curioso —dijo Daniel, acomodándose en el sofá. «Oh, no», pensó Holly, aquello significaba que no tenía intención de marcharse enseguida —. Mis colegas siempre decían que Laura y yo seríamos los primeros en casarnos —prosiguió Daniel—. Nunca se me ocurrió que Laura lo haría antes que yo.
—¿Va a casarse? —preguntó Holly con delicadeza. Daniel asintió con la cabeza y desvió la mirada. —Él también había sido amigo mío en otros tiempos. —Sonrió con cierta amargura.
—Obviamente ya no lo es.
—No. —Daniel negó con la cabeza —. Obviamente no.
—Lo siento.
—En fin, a todos nos toca nuestra justa ración de mala suerte. Tú lo sabes mejor que nadie, Holly.
—Sí, nuestra justa ración.
—Ya lo sé, no tiene nada de justa, pero no te preocupes. También nos llegará la buena suerte —aseguró Daniel.
—¿Tú crees?
—Eso espero.
Cecelia Ahern
