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abril 27, 2017

Me sigue. A donde sea que voy, me sigue. Lee lo que te escribo, mira las fotos que publico, me escucha cantar las canciones que canto para vos. Duerme conmigo en mi cama, se mete en mis sueños, usa tu ropa, ¡mi ropa! y de nuevo veo su cara cada vez que miro al cielo.
Ya va a hacer un año desde que te fuiste. Dos años desde que dormiste con otra. Tres años desde que no estamos más juntos. Cuatro años desde el último de mis cumpleaños que celebramos juntos.
Parece, si uno tacha los días con negro, yo lo hago, voy tachando los días, y cuento el tiempo, uno, dos, tres años. Pero no. Yo sigo acá atrapada, con los diez mil pesos de premio en la mano, parada sobre el escenario, buscándote entre la gente y sin encontrarte, el tiempo congelado, ahí, para siempre.


なにもなくて... 悲しすぎて

abril 04, 2011

Voy a darme con el gusto de escribir algo tan meloso que al leerlo se te pegue a la piel como dulce de leche. Y tengás que bañarte para sacártelo. O larmerte como un gato (aunque esa parte también la puedo hacer yo).


                             Las dos cosas más bonitas de este mundo: vos, y yo cuando estoy con vos. Soy la más bonita del mundo.

Eh, yo también soy feliz a veces.

 Soy feliz cuando te acaricio. Soy feliz cuando te miro dormir. Soy feliz, aunque ronques. Soy feliz cuando tu mano está sobre mi mano, tamborileando con los dedos algún ritmo, de esos que tenés más en el corazón que en la cabeza, y que inconscientemente estás marcando todo el tiempo. Soy feliz cuando decís boludeces, soy feliz aunque a alguna no la entienda. Soy feliz cuando hacés esas cosas que sólo vos podrías hacer (cuando le hablás a tu perro, cuando te embarrás comiendo, cuando empezás a hablar de películas y te vas por las ramas...). Soy feliz cuando te avergonzás por todo eso, y me decís que a mí deberían gustarme tipos más serios. Soy feliz cuando te contesto no seas tonto, y me sonreís. Y me sonreís.

Soy tan feliz cuando me sonreís.

Esa sonrisa es un ancla
p  a r  a      q u  e          y o        s e p a       c o m o           v o l v e r .

Vos sos mi camino de vuelta.




Anna.

febrero 17, 2010

MI hermana

Bajé las escaleras corriendo, intentando no llorar, limpiándome las lágrimas antes de que cayeran, para evitar que se corriera el maquillaje. Para que nadie se diera cuenta.

Bajé las escaleras corriendo, sin esperar encontrarme a nadie, pero ahí estaba ella, con su vestido rosa, parecía una frutilla escapada de alguna torta de cumpleaños. Me sorprendí y me tragué el llanto, aunque ella ya se había dado cuenta de que algo pasaba.

No me preguntó. No solía hacerlo. Me agarró una mano como si cualquier cosa y nos fuimos al patio, lejos de la música de la fiesta. Me puse a mirar el cielo; había un montón de estrellas y el vestido de frutilla parecía ahora una mora violeta. Intenté concentrarme en algo de eso, huyendo con la cabeza a algún lugar lejos, donde mi cuerpo no podía ir.

- Si mirás tanto para arriba se te va a acalambrar el cuello. –me dijo, y se sentó en un banco a un costado. Yo también me senté.
- ¿Está aburrida la reunión? –pregunté como para hablar de algo.
- Sí –me contestó muy bajito. Entonces la miré de reojo, prestando más atención, y pensé que ella también había estado llorando.
- ¿Ha pasado algo? –volví a preguntar. Ella sabía que yo sabía-. ¿Se pelearon?

No contestó, ni me miró tampoco. Suspiré y le pasé un brazo sobre el hombro para abrazarla, no dijimos más nada y nos quedamos un rato así.

- ¿Y si nos vamos a la casa? –se me ocurrió después de un rato-. Tengo helado. Y galletas. Y Moulin Rouge.
- Me parece un buen plan –aceptó ella, aunque igual me pareció que de nuevo iba a llorar. Entonces me paré rápido y le quise ofrecer las manos para ayudarla a ella a hacer lo mismo. No me hizo mucho caso, se levantó sola, sin mi ayuda, del banco; me miró con cara de pocos amigos y a mi me dio por reírme.
- Tonta.

Ella llegó a sonreír. Nos metimos juntas de nuevo a la casa, esquivando el salón donde estaba la gente, por suerte los abrigos habían quedado en el recibidor. Ya habría tiempo después de disculparnos por irnos sin saludar.







Anna.