"The world will break your heart ten ways to Sunday, that's guaranteed. And I can't begin to explain that or the craziness inside myself and everyone else, but guess what? Sunday is my favorite day again."
-Silver Linings Playbook
Holly llegó al restaurante a las ocho y veinte, ya que había pasado horas probándose distintos conjuntos. Finalmente escogió lo que Gerry le había indicado que se pusiera el día del karaoke, para así sentirse más próxima a él. Las últimas semanas no habían sido fáciles, los momentos malos habían prevalecido sobre los buenos y le estaba costando trabajo recobrar la entereza.
Mientras se dirigía a la mesa del restaurante el corazón le dio un brinco.
Vivan las parejas.
Se detuvo a medio camino y se hizo a un lado, ocultándose tras la pared. No estaba segura de poder enfrentarse con aquello. Le faltaban fuerzas para mantener a raya sus sentimientos. Echó un vistazo alrededor en busca de la mejor vía de escape; desde luego no podía marcharse por donde había entrado, ya que sin duda la verían. Vio una salida de emergencia al lado de la puerta de la cocina, la habían dejado abierta para mejorar la ventilación del local. En cuanto respiró aire fresco, se sintió libre otra vez. Atravesó el aparcamiento pensando qué excusa daría a Sharon y Denise.
—Hola, Holly.
Holly fue a disculparse por no llevar consigo tanto dinero como creía, pero al abrir la palma de la mano vio que había un nuevo billete de veinte.
Sonrió agradecida a Daniel y ambos se dirigieron al coche.
Cecelia Ahern
Ahora no me lo vas a creer, pero existe. Existe alguien ahí afuera que va a compartir tu locura por los gatos, que te va a aceptar así, huraña, tierna, cansada, tonta. Existe ahí afuera alguien que no va a pensar que está mal que estés tan rota, alguien que va a poder ayudarte mientras tratás de desenredar tus nudos, alguien ahí afuera que esas veces que no podás más te va a saber levantar para que sigás. Sé que ahora no me creés, pero está ahí. Y va a entender que hablar te cueste, que el sexo te cueste, que todo te cueste. Va a entender que te esforzás muchísimo todo el tiempo, y va a apreciar todo lo que le des, porque va a entender cómo te costó. Y te puedo asegurar que esa persona también va a tomar vino como vos, va a tocar el piano o la guitarra para que canten juntos, y va a cambiar sus libros con los tuyos y sacarse fotos con vos y mostrárselas al mundo. Se van a poder sentar esas noches heladas de junio los dos envueltos en una colcha en el sillón a leer por octava vez El Señor de los Anillos. Te lo puedo asegurar, existe alguien así, y que le guste comer como a vos, con vos, que le guste bailar como te gusta a vos, con vos. Y te va a mirar así sin maquillaje y con toda esa ropa hippie sin combinar que usás y va a pensar que sos la más linda, alguien que no va a dudar.
Sé que ahora no me lo vas a creer. Pero existe alguien que va a leer lo que escribís, y que va escribir para vos también, quizá todavía no se conocen, pero se van a encontrar, y cuando lo hagan te puedo jurar, no va a dudar.
Anna.Estoy atrapada en una isla desierta, donde hay un monstruo terrible que amenaza a cada rato con matarme y no tengo cómo escapar. En esta isla no hay otras personas, sólo gatos que me defienden del monstruo, pero a veces los gatos necesitan dormir, o se distraen, y entonces el monstruo me golpea con su aliento de fuego. Es el monstruo más cruel que he conocido nunca, a punto, creo que juega conmigo pero en verdad no quiere matarme: sólo quiere verme sufrir. Cuando tiene oportunidad, me abrasa, su ataque me quema las tripas produciendo un dolor insoportable, pero sólo lo suficiente como para que al poco me rehaga, me levante nuevamente y entonces me vuelve a tirar.
He estado atrapada en esta isla mucho tiempo, y he aprendido a combatir este monstruo de muchas maneras, ya no me caza tan rápido como al principio, pero a pesar de todo ni los gatos ni yo hemos podido matarlo. Sin embargo no siempre fue desierta la isla. Hace poco vino alguien. Pensé que el monstruo lo atacaría también, pero no fue así, y durante mucho tiempo pensé que se había ido, que habría muerto, vivimos felices esa persona y yo y los gatos y todo fue perfecto. Pero un día esa persona se cansó de la isla, de las mismas playas, de los mismos árboles, del mismo cielo. Se cansó de los mismos gatos y de mí. Vio una señal de humo a lo lejos y decidió seguirla. Yo me quedé.
El monstruo volvió.
Hacía tanto tiempo que no lo veía que había olvidado cómo combatirlo. Recordé cómo era antes, el vivir huyendo o enfrentándome a él todo el tiempo, el cansancio, el miedo. Busqué la señal de humo a lo lejos para ir tras él, pero no pude encontrarla. Tampoco puedo abandonar a los gatos. No puedo salir de esta isla. Escribí un mensaje desesperado y egoísta, preguntándole si encontró lo que el horizonte le prometía y lo metí en una botella que arrojé al mar.
Un mensaje pidiéndote que si estás ahí leyendo esto y en algo me extrañás, que volvás a mí.
Anna.
Las mismas medias mojadas de transpiración, el mismo olor a flores con humo de la zafra y las mismas ganas de dormir. Todo lo mismo. Tu mamá preguntándote a dónde vas, con quién, como si desde hace años no salieras a los mismos lugares, con la misma gente. La misma promesa de algo que no llega en cada cucharada del guiso de lentejas, en cada viernes volviendo en colectivo por los mismos baches, por las mismas ventanillas rayadas y los mismos reflejos de sueños sin cumplir esperándote en la misma parada para acompañarte de nuevo a tu sillón, a pasar los mismos canales, otra vez, una noche más, un agosto más, un año más... Otra vez, siempre igual.
Anna.
“Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado... Voy a contarte de una que a partir de esta noche será mi hermana y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y, dime, ¿cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella no existirían el suspiro ni el deseo. Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz."
—Vieja Kush.
Convenceme. Decime que me querías. Que no me conocés, ni sabés nada de la vida, pero que igual me querés. Decime que no sos un desgraciado como los demás, que no me conocés pero que sabías desde el principio que todas las cosas lindas del mundo las tenía escondidas en las pestañas. Decime que no podés prometerme ni oro ni viajes a Europa, pero que me vas a compensar con un millón de mates en la vereda de nuestra casa, escuchando tango hasta que nos hagamos viejos. Regalame tus domingos y tus proyectos. Nos llenemos de gatos y de libros y de guitarra y de amigos y de sueños. Nos llenemos de nosotros y de tiempo.
Anna.
Soy así, como los gatos. Desconfiada, invasiva, tímida, absurda, inconstante. Me tomo mi tiempo para medir las cosas. Me paso horas mirando por la ventana, y a veces sólo sé desaparecer. Me hipnotizan los brillos y los detalles tontos. Sueño con los pájaros que me gustaría algún día atrapar. Soy así. Como los gatos. Obsesiva, incisiva, pasional, intensa, vaga. Testaruda. Estoy más despierta de noche sola que de día con los demás. Me gusta besar con la mirada, dormir inverosímilmente, lavarme las manos cada dos por tres. Cantarle a la luna la tristeza de ese amor que no tuve y que perdí, y las caricias simples. Peleadora, ridícula, tierna sin querer. Como los gatos. Así.
Anna.
Mi papá está cansado
ha vivido yaDios
Vos que hiciste el universo
Y pusiste cosas tan grandes como
Planetas
Y tan chicas como
Este gato
Quisiera saber si
La vida de un gato
Significa algo más
O quizá algo menos
Que mi propia vida.
Quisiera saber si
La muerte de un gato
Significa a este enorme universo
Algo más
O quizá algo menos
Que mi propia muerte.
Quizá
Aunque sólo quizá
Pueda entender de este gato
O de este universo
Cómo funcionan las cosas.
Quizá
Aunque sólo quizá
Si vive este gato
Pueda entender yo algo
De la vida
O de la muerte
O de nada en particular
Más que el valor diminuto
Del ronroneo de un gato
En la oscura inmensidad
Del universo.
- ¿No extrañás tu cama? -me preguntó y miraba al techo de estrellas.
- ¿Cuál de todas? -le contesté queriendo hacer un chiste. Ella se encogió de hombros, como si la respuesta fuese obvia.
- Y no sé, tu cama. La cama en la que dormís todas las noches
- Ah -no se me ocurría cómo hacer un chiste esta vez-. Vos decís la cama que está en mi casa.
- ¿Cuál otra cama podría ser? -ahora la del chiste era ella.
- Es que me da igual -le dije y ahora dejó de mirar el cielo y se quedó mirándome-. Esa cama, esta cama, o cualquier cama.
- Qué suerte -de nuevo miraba las estrellas-, poder dormir en cualquier parte. Ya me gustaría a mi.
Ya no volvimos a hablar. Un rato después se dio la vuelta y se quedó dormida. Su respiración era a penas un soplido sordo sobre el pasto.
Yo me quedé mirándola un rato, pensando en esa cosa rara de las personas de ubicar las cosas en territorios, de esa necesidad de demarcar, de sentir que poseemos algo. "Tu cama", "la que está en tu casa". La que todas las mañanas vuelvo a armar después de deshacerla para no dormir todas las noches. Mi cama, me digo mientras la miro por última vez, mientras me doy la vuelta para el otro lado. Mi cama no es un dónde, es un quién.
Los grillos saltan como gotas de rocío entre los yuyos y de vez en cuando Mamá Gato salta de entre las sombras y atrapa uno para sus cachorros. Pienso que dormir es una cuestión de decisión, no de camas. Sino, me digo, podría contar grillos para siempre, y no dormirme nunca.
Anna.