mayo 09, 2015

"Estás encerrado, supongamos, penando tus penares, tus penas de verdad, penas del dolor y del horror, y también las otras, tus penas tontas y tantas: estás condenado, supongamos, a pena perpetua, prisionero de la tristeza en celda solitaria, incomunicado y sin visita. Y de pronto, supongamos, aparece una pulga, inesperada, que se pone a practicar piruetas de circo en la palma de tu mano. Una pulga: una palabra. Una palabrita, que llega sin aviso, y juega."

E. Galeano

febrero 28, 2015

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.


II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina


Jorge Luis Borges

noviembre 24, 2014

En verdad,
crees que siempre
estoy alegre
y que nada me duele.
Ni tu partida.
Ni tu regreso.
Ni el frío
que nacerá
cuando de mí
te ausentes.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Con tus años,
tú no conoces
la soledad.
A tu edad,
se la oye nombrar
a menudo
como a un pariente
muy lejano,
que nos alumbra,
desde lejos,
el fondo
del pecho.

Y uno cree
estar tan solo
y tan triste,
que la risa
de otros
nos parece
nacer
en la alegría.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Pero uno se equivoca.
Y pronto descubre
estar avanzando por el tiempo.
La soledad, entonces
ya no tiene la edad
de nosotros,
sino la edad del alma.

Ahora tienes
que mirarme el alma,
para saber si estoy
solo conmigo,
cuando te marches
mañana.
Sábelo,
todo lo tuyo
me importa en extremo.
Tu mano,
dulce y pequeña,
guarda mi rostro,
mis cabellos,
mis labios
encerrados
en su cuenco
moreno.
Tus labios
hechos
para que yo
los besara,
me guardan
en su húmedo
mundo.
Tu pecho,
está invadido
por mi tacto
salvaje,
que te busca
intranquilo
por las tardes.

Tú lo sabes.

Cuando te vayas,
algo de mí
se irá contigo,
no lo olvides,
alma mía.

Pero cuando vuelvas
puede que ya no
regreses conmigo,
porque ya me habrás
abandonado.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.
Tal vez
cuando tú vuelvas,
ya me haya marchado
para siempre de la vida,
sin que tú lo comprendas,
ni yo lo haya querido.
Pero antes, amor mío,
quiero que siempre
creas en mis labios.
En mi voz.
En mis combates.
Aun cuando no volvamos
a estar juntos
por las tardes.
llenas de viento
y jacarandaes.
Y que me mires como soy:
el más alegre de todos,
pero también el más triste.

Uno es así de extraño
cuando se tiene mi edad
y se lleva la gravedad
del mundo en la sangre.

Me gusta luchar,
para que todos podamos
ser felices algún día.
Lo sabes, amor mío.
Pero también
me gusta amarte
cuando hacia mí
vienen tus pasos.
Y sé que dudas tanto.
En verdad de verdades,
deberías quedarte
conmigo
para todos los tiempos.
Pero te vas,
sin que yo sepa
si volveremos
a vernos
solos
por las tardes.

Es tan extraña
y tan compleja
la vida,
que cuando vuelvas
puedes traer
otro nombre
escrito en las pupilas.
Amor mío,
lo sé, porque
también soy inconstante.


Otto René Castillo

noviembre 19, 2014

Qué vas a entender vos, es como si te sacaran los oídos y los cocinaran en consomé, ¿y qué ibas a hacer sin música en tu vida, ah? ¿AH? Y nada, obvio, seguir viviendo, o a lo mejor tirarte debajo de un colectivo, con algo de suerte volver a nacer perro o gato pero tener oídos. ¿Qué vas a entender de mí, de la sordera, más que un miedo ciego, un miedo irracional? Si no tenerte es como no tener palabras, sos todo lo que no se puede decir de otra manera. ¿Dónde estás, con quién estás? Me han dicho que estoy enferma y me la he creído, la gente por ahí va y se enamora y desenamora como quien tiene hambre y lo sacia con un guiso, y yo acá sin dormir, no importa el tiempo, me pisaste tantas veces y yo no duermo pensando en vos ¿entendés? ¿ENTENDÉS?
¿Acordarme de vos todo el tiempo sabiendo que vos no te acordás de mí?
¿Sucumbir a buscar de nuevo tu boca, descubrir que ya no es mía, que nunca lo fue?
¿Extrañarte porque estás lejos o tenerte al lado y extrañarte?
Vos nunca me pediste nada, siempre fuiste tan ajeno, tan independiente, tan libre.

Si vos me hubieras pedido, yo te traía la luna de Famaillá, dejaba subir al perro a la cama. Si hubieras gritado, si hubieras llamado. Si me hubieras dicho que estaba equivocada, si me hubieras mentido, no importa. Las cosas son así.



noviembre 12, 2014

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, 
lámparas y la línea de Durero, 
las nueve cifras y el cambiante cero, 
debo fingir que existen esas cosas. 

Debo fingir que en el pasado fueron 
Persépolis y Roma y que una arena 
sutil midió la suerte de la almena 
que los siglos de hierro deshicieron. 

Debo fingir las armas y la pira 
de la epopeya y los pesados mares 
que roen de la tierra los pilares. 

Debo fingir que hay otros. Es mentira. 
Sólo tú eres. Tú, mi desventura 
y mi ventura, inagotable y pura.


Jorge Luis Borges

octubre 26, 2014

Sé que estás ahí
sé que estás leyendo esto.
Preparate.

Cualquier día de estos
no necesariamente
una noche lluviosa
-quizá sí, quién te dice-

No me vas a ver pasar
por la ventana de tu balcón
nada te va a avisar
-sólo este poema-

Como el fantasma de
un recuerdo
voy a resucitar
de entre tus muertos

te voy a revolver las sábanas

recorreré nuevamente
los caminos de tu cuerpo

Sin culpa,
con ganas,
No vas a saber
qué viento te golpeó
cuando abrás esa ventana.


Anna.

octubre 21, 2014

Un día...

Andas por esos mundos como yo; no me digas
que no existes, existes, nos hemos de encontrar;
no nos conoceremos, disfrazados y torpes
por los caminos echaremos a andar.

No nos conoceremos, distantes uno de otro
sentirás mis suspiros y te oiré suspirar.
¿Dónde estará la boca, la boca que suspira?
Diremos, el camino volviendo a desandar.

Quizá nos encontremos frente a frente algún día,
quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.
Y ahora me pregunto... cuando ocurra, si ocurre,
¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?


Alfonsina Storni


octubre 07, 2014

"Eras diferente a todos los demás, te rodeaba un aire extraño: daba la impresión de que si se nos acercábamos mucho nos absorberías, ya no seríamos más nosotros sino parte irrevocable de vos, de tu mundo. No me preguntés qué mundo era ese, pero todos sentíamos que era algo peligroso.
Era eso. Uno tenía la impresión, si estaba demasiado cerca tuyo, de que estaba en peligro. Tu mundo era un desierto infinito, y creo que vos lo sabías, cuando nos mirabas reirnos con esos ojos ardidos y nosotros creíamos que nos odiabas porque no podíamos entenderte, teníamos miedo de ser fagocitados por esa soledad tan inexorable. Habrá sido eso el peligro que percibíamos, sin saber: te alejábamos porque tu mirada llena de arena amenazaba con descubrir algún terrible secreto dentro nuestro. Si hubiéramos sabido entenderte entonces, quizá habríamos podido salvarte y salvarnos a nosotros con vos, si hubiéramos podido ver que no era odio lo que tenías sino la carga de quien conoce ese secreto, el secreto del desierto. Tu mirada de beduino conocía todos los caminos inexistentes en la arena, era la mirada de quien sabe que no importa dónde vaya, jamás llegará a ningún lado, porque alrededor nunca hay ni habrá nada, porque esos infinitos kilómetros de calor ardiente y vos eran una sola cosa. Llevabas el desierto encima, vos eras el desierto. Y tu nombre nómada vagaba en algún lugar sobre aquellas dunas, a pesar de todo, esperando encontrar; y nos mirabas, y sonreías hacia el costado esperando ser salvada. Si hubiésemos sabido entenderte entonces."


Anna.

septiembre 25, 2014

Mucho más allá

¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.

Alejandra Pizarnik

A. Vivaldi - Violin Concerto A Minor (Itzhak Perlman)



septiembre 19, 2014

Alcarnor. Alcarnor, Alcarnor, Alcarnor. Lo pronuncia muchas veces bajito tratando de hacerlo suyo, la A gigante como para comer un pastel de Aimee, la L, la C como una piedra en un río, la otra A, R como ronroneo de gato, N como un nudo en la garganta, O, un gato dormido junto a un fuego en invierno.

¿Qué hacés? le pregunta él en lengua común. Está medio dormido. Avy le sonríe acariciándole una oreja, esa oreja tan diferente a la suya. Todo en él le parece extraño, extravagante. Alcarnor se vuelve hacia ella con los ojos semi abiertos, el enorme cuerpo moreno tallado a fuerza de entrenamiento y guerras y más entrenamiento, un cuerpo duro por el sol, por los maltratos de las campañas, y sin embargo, tan vulnerable así, desnudo. Decime tu nombre, le pide otra vez.

Alcarnor, dice él. ¿No te cansás, no?

Ella se ríe con esa risa cantada que tanto le gusta a él.
Otra vez. Alcarnor. Otra. Alcarnor. ¿Tanto te gusta?

Avy no contesta. Garabatea las letras en el aire, luego sobre él, las saborea en su boca, las olfatea en todo su cuerpo, las hila cuidadosamente para pronunciar al nombre como él lo hace, la A entre su pelo, L como el puente entre su pecho y el de él, la C dentro de su boca, otra A sobre su pecho que sube y baja agitado, después la R en un gruñido, la N bajando por su cuerpo hasta la O en su obligo hondo como un universo para entrar directamente en su nombre con esa tosquedad grave tan de humano, tan de humano, con sonidos que son tan extraños para su lengua, como todo él para el resto de su cuerpo. Alcarnor, tan humano, tan suyo, y de nuevo tan humano.




Anna

agosto 27, 2014

Hay tantas cosas que no entiendo.
la política
el fútbol
eso que llaman Dios
las códigos sociales
las normas de conducta
la física de las manzanas
la química de los cuerpos
tu sarcasmo
nuestra ironía.
La verdad es, igual
que nunca quise saber todo
me conformaba
con tan poco.
La verdad es, igual
siempre hubo tantas cosas
otras cosas
y era suficiente.
Eso que creíamos entender
que nos hacía el mundo
más chico
más seguro.
La verdad es, igual
vos eras mi manera de
olvidarme del miedo
porque en el fondo
es siempre eso
hay tantas cosas que no entiendo
y tengo siempre tanto miedo
de todo.



Anna.



julio 11, 2014

Siempre me han dicho que exagero, porque no hace tanto frío. Me ven de bufanda y gorro y se me ríen, me dicen que debe ser que el frío me sale de adentro. Debe ser. En invierno siempre me congelo en muchos sentidos, se me caen las hojas, como a los árboles, no tengo con qué defenderme de la gente, del clima, de la tristeza. Por demás, la estufa del consultorio no anda y los dedos se me ponen violetas después de un rato de escribir, aunque la gente que va y viene de la calle dice que acá adentro se está bien. Sí, puede ser, me digo, me hago un té, escucho música mientras charlo con los pacientes, tomo los turnos. Acá adentro se está bien. Sobre la vereda hay un naranjo repleto de frutas, de vez en cuando alguien abre la puerta y con la ráfaga helada entra el olor a naranja amarga. Acá adentro los doctores se ríen, me hacen bromas cuando me ven dibujar o bordar para matar el tiempo, me regalan chocolate, me dicen que el café está rico. Se hacen las nueve y casi siempre me busca algún amigo, salimos al frío, con la nariz y las orejas rojas, nos sentamos en un bar, hace diez grados pero igual nos tomamos una cerveza. Se está bien, tomando cerveza con bufanda, amontonados en bares casi vacíos en días de semana, riéndonos de las cosas que me contaron los pacientes o charlando de alguna película. Ahora veo películas. Se está bien así.
Algunas veces me ataca la melancolía y pienso en el verano, pareciera que el ciclo inevitable que lo traerá de nuevo se detuviera, el verano es otro país, otro tiempo. En la primavera me espera una muerte segura, la muerte antes del nuevo verde. Pero al final, después, siempre llega. Siempre.


mayo 13, 2014

"El cuerpo de estudiantes de la Facultad de Ciencias Psicológicas de la solemne Universidad del Norte de la República de Checoslovaquia, más conocido como el CiPNoRC, dedicó una semana entera a juntar firmas para avalar la propuesta de un nuevo beneficio para los estudiantes de la entidad académica.
El mismo fue designado unánimemente por los miembros del cuerpo como el SEA, Servicio de Emergencia de Abrigos, para todos aquellos alumnos regulares de la carrera que por razones de fuerza mayor se encontraran impedidos de concurrir a las clases con la vestimenta coherente con la corriente estación del año, o que ante un imprevisto se viesen desprotegidos contra la misma.
Con el fin de garantizar un servicio basado en la equidad y la justicia como valores primordiales, el SEA se ha dispuesto un termómetro que avala la accesibilidad a la prestación bajo temperaturas inferiores a los 15°C, 59°F. El mismo ha de ser comprobado feacientemente antes de acceder a los beneficios; estos incluyen una selección de camperas, sweaters, medias, gorros y otras prendas clasificadas rigurosamente por el CiPNoRC como idóneas, como así también un dispenser de agua caliente y un equipo de colchas, a los cuales los estudiantes pueden acceder fácilmente con la credencial del SEA o libreta universitaria con (re)inscripción actualizada, todos los días de lunes a viernes, de ocho de la mañana a seis de la tarde.
Es del agrado del CiPNoRC declarar el óptimo funcionamiento de su nueva iniciativa que lleva ya en funcionamiento, desde el pasado abril, dos meses de orgullosa prestación con excelentes resultados: los estudiantes de la Facultad de Ciencias Psicológicas no han vuelto a elevar quejas por la falta de calefacción en el edificio."


Anna.

abril 18, 2014

Alone


From childhood's hour I have not been
As others were; I have not seen
As others saw; I could not bring
My passions from a common spring.
From the same source I have not taken
My sorrow; I could not awaken
My heart to joy at the same tone;
And all I loved, I loved alone.
Then- in my childhood, in the dawn
Of a most stormy life- was drawn
From every depth of good and ill
The mystery which binds me still:
From the torrent, or the fountain,
From the red cliff of the mountain,
From the sun that round me rolled
In its autumn tint of gold,
From the lightning in the sky
As it passed me flying by,
From the thunder and the storm,
And the cloud that took the form
(When the rest of Heaven was blue)
Of a demon in my view.



Edgar Allan Poe

marzo 14, 2014

Facetas de Morelli, su lado Bouvard et Pécuchet, su lado compilador de almanaque literario (en algún momento llama "Almanaque" a la suma de su obra).

Le gustaría dibujar ciertas ideas, pero es incapaz de hacerlo. Los diseños que aparecen al margen de sus notas son pésimos. Repetición obsesiva de una espiral temblorosa, con un ritmo semejante a las que adornan la stupa de Sanchi.

Proyecta uno de los muchos finales de su libro inconcluso, y deja una maqueta. La página contiene una sola frase: "En el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay". La frase se repite a lo largo de toda la página, dando la impresión de un muro, de un impedimento. No hay puntos ni comas ni márgenes. De hecho un muro de palabras ilustrando el sentido de la frase, el choque contra una barrera detrás de la cual no hay nada. Pero hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la palabra lo. Un ojo sensible descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa.

-cap. 66, Rayuela
Julio Cortázar