abril 08, 2016

Un sol

Mi corazón es como un dios sin lengua,
mudo se está a la espera del milagro,
he amado mucho, todo amor fue magro,
que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
pero yo espero algún amor-natura
capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
y me haga brotar ramas sensitivas,
soy una selva de raíces vivas,
sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
de cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.


Alfonsina Storni

abril 05, 2016

Morir de otoño o primavera, apenas
doblar la frente, mientras en lo oscuro
una germinación salva y sostiene
la mentira incesante de la vida…
¡Poco quiero indecisos equinoccios,
pérfida primavera dilatoria!
Morir de pie, mordiendo la naranja
henchida de estío, o en los dientes
la nieve de la sidra, y asumirlas.
¡Marzo fluvial, olvídame en tu paso!
Yo no quiero morir de lluvia y hojas
con altos torbellinos, entre cierzos.
Más bien de amor por el verano izándose
sobre su acre premura acariciante;
o sin sangre, absorbido por la noche
de una fría columna enlunecida,
solo y sin voz, apenas una pausa
en la perfecta vanidad del cielo.

Julio Cortázar

marzo 17, 2016

marzo 08, 2016

Mujeres

decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito
debía tener unas 12397 mujeres en su mujer /
era difícil saber con quién trataba uno
en ese pueblo de mujeres / ejemplo:

yacíamos en un lecho de amor /
ella era un alba de algas fosforescentes /
cuando la fui a abrazar
se convirtió en singapur llena de perros que aullaban /
          recuerdo
cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir /
parecía una constelación en la tierra /
parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra /
esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha /

como el sol que se ponía en su voz  /
en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa
          mujer menos uno /
y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico /
tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorables
a la dictadura militar / o sea

nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer /
yo estaba ligeramente desconcertado / una noche
le golpié el hombro para ver con quién era
y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces

esa mujer era la banda municipal de mi pueblo
tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba
           a desafinar /
y los demás desafinaban con él /
esa mujer tenía la memoria desafinada /

usté podía amarla hasta el delirio /
hacerle crecer días del sexo tembloroso /
hacerla volar como pajarito de sábana /
al día siguiente se despertaba hablando de malevíc /

la memoria le andaba como un reloj con rabia /
a las tres de la tarde se acordaba del mulo
que le pateó la infancia una noche del ser /
ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal /

la devoraron todos los fantasmas que pudo
alimentar con sus miles de mujeres  /
y era una banda municipal desafinada
yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo /

yo / compañeros / una noche como ésta que
nos empapan los rostros que a lo mejor morimos /
monté en el camellito que esperaba en sus ojos
y me fui de las costas tibias de esa mujer /

callado como un niño bajo los gordos buitres
que me comen de todo / menos el pensamiento
de cuando ella se unía como un ramo
de dulzura y lo tiraba en la tarde /

Juan Gelman

marzo 01, 2016

La muerte es provisoria, pero la vida está definitivamente aquí,
aunque todo indique lo contrario:
en el gusto que el café deja en la boca,
en la brasa que se consume sobre el cenicero,
en el rugido de los automóviles, más allá de la ventana,
y también en la memoria que gira en sentido contrario a las agujas del reloj,
/contradice a las aves migratorias, sube escalera abajo/
y se salva de la destrucción.
Pero el misterio es éste: lo que se rompe tiende a recomponerse,
lo disperso a juntarse
y a unirse lo que nunca ha tenido relación.
No se trata ya de la unidad,
sino de quién pega los pedazos:
como está la cicatriz en el centro de la herida,
el remiendo en el secreto de la tela,
o el sentido de este café, que no está en ninguna mesa
/sino en el camarero que, al desplazarse, integra.
El misterio de la dispersión
consiste en que no hay dispersión:
cada uno, aún a su pesar, termina estando en su sitio.


Santiago Sylvester
Café Bretaña

febrero 25, 2016

"Todo fue una equivocación; yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema."

Jaime Gil de Biedma

febrero 23, 2016

Se cae el cielo y no hay
un rincón dónde meterme
como un gato asustado estoy
evitando los truenos verdes
en esta oscuridad húmeda.

Anna.


febrero 16, 2016

Conejito pequeño
apenas conejito
una manchita rosa
puro hociquito negro

no tenés todavía
una semana entera
pero es tan difícil la vida
para un apenas conejo

ay, conejito
si pudiera con mis palabras
regalarte esos saltos
altos hacia el cielo, altos

pero es más cruel el tiempo
para un conejo pequeño
que todavía no aprende
a saltar.


Anna.

febrero 12, 2016

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


Mario Benedetti

febrero 07, 2016

A veces llueve y te quiero. 
A veces sale el sol y te quiero. 
La cárcel es a veces. 
Siempre te quiero.


Eduardo Galeano

febrero 02, 2016

Podría decirte
sí, me voy a casar;

vos me contestarías
algo así como que
no voy a ser feliz
y quizá tengas razón,

yo te contestaría
algo así como que
la felicidad no existe
y sabrías que yo
también tengo razón.

Y la discusión
seguiría
así como todas
nuestras discusiones.

Pero qué sentido tiene
decirte nada ahora
que voy a casarme
y la felicidad
ya no existe.

Anna.

enero 28, 2016

Los amantes

Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.
La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.


Juan Rodolfo Wilcock

enero 16, 2016

desposeída de tí
no tengo alas
me habita la oquedad
del desamparo
soy una máscara
lavada por la lluvia
una lámpara gastada
una lámpara imposible
una mariposa oscura

sometida a orfandad
desespero de tí
Diego mi niño
me ha vencido
el silencio
desguarnecida
nada me protege

¿dónde la casa azul?
¿dónde el jardín?
¿dónde el naranjo de aquel día?

estoy cansada
hueca
la sangre desborda
por el marco
se agita el viento
de la locura
sin tí soy esta herida
que no cesa de manar

el universo estalla
se deshace
¿dónde tus manos Diego?
¿dónde tu fuego dentro de mi carne?
¿dónde el refugio de tu cuerpo?

Nélida Cañas

enero 14, 2016

Se habrán encontrado en la calle, o quizá se habrían hablado. Ella tenía unos libros suyos, habría querido devolvérselos. Habrían quedado en un lugar, habría llegado tarde. Quizá habría olvidado los libros. Habría usado un vestido corto. "Acompañame a mi casa a buscarlos", o algo así, le habría dicho. Él habría mirado su boca toda roja y habría dicho que sí. Habrán subido las escaleras lenta, nerviosamente. Ella habrá puesto la llave, prendido una luz adentro. El departamento siempre estaba desordenado. Esa noche no debía haber nadie en el mundo. Él se habría quedado parado en la puerta, a lo mejor pensando, con la mochila puesta. Ella habrá sacado alguna botella barata de la heladera. Fuera uno a saber dónde habrán estado esos libros que le prestó. Entre el segundo vaso y el primer beso ya se habrían olvidado. El olor del pelo de ella mientras le iba desprendiendo el pantalón lo habrá convencido. Se habrán acariciado sobre el desorden, le habrá levantado el vestido. Ella habrá puesto su mano sobre su sexo. Le habrá peinado los rulos negros con manos ansiosas antes de dejarse llevar. Después quizá hasta habrá gritado, pero no muy fuerte, para que no escuchen los vecinos. Él habrá apretado su boca contra su labios, su pecho contra los de ella. Habrán rodado por el suelo hasta el cuarto. Habrán transpirado las sábanas para que les quede el recuerdo al día siguiente cuando cada uno siga con su vida. Él se habrá llevado los libros y ella le habrá dado las gracias. Le habrá pedido disculpas por la demora. Ninguno de los dos habría dicho nada sobre la otra, y se habrían despedido en el umbral del edificio como si nada hubiese pasado. Unos días después ella habrá pensado en llamarlo, y él no habrá contestado.

O sí.

Quién sabe.


Anna.
Keith Urban - You'll think of me (live ver)

enero 09, 2016

"Understand me. I’m not like an ordinary world. I have my madness, I live in another dimension and I do not have time for things that have no soul."

Charles Bukowski