marzo 17, 2021

Visitors from abroad

Sometime after I had entered
that time of   life
people prefer to allude to in others
but not in themselves, in the middle of the night
the phone rang. It rang and rang
as though the world needed me,
though really it was the reverse.
I lay in bed, trying to analyze
the ring. It had
my mother's persistence and my father's
pained embarrassment.
When I picked it up, the line was dead.
Or was the phone working and the caller dead?
Or was it not the phone, but the door perhaps?

My mother and father stood in the cold
on the front steps. My mother stared at me,
a daughter, a fellow female.
You never think of us, she said.
We read your books when they reach heaven.
Hardly a mention of us anymore, hardly a mention of  your sister.
And they pointed to my dead sister, a complete stranger,
tightly wrapped in my mother's arms.
But for us, she said, you wouldn't exist.
And your sister — you have your sister's soul.
After which they vanished, like Mormon missionaries.

The street was white again,
all the bushes covered with heavy snow
and the trees glittering, encased with ice.
I lay in the dark, waiting for the night to end.
It seemed the longest night I had ever known,
longer than the night I was born.
I write about you all the time, I said aloud.
Every time I say "I," it refers to you.


Outside the street was silent.
The receiver lay on its side among the tangled sheets,
its peevish throbbing had ceased some hours before.
I left it as it was;
its long cord drifting under the furniture.
I watched the snow falling,
not so much obscuring things
as making them seem larger than they were.
Who would call in the middle of the night?
Trouble calls, despair calls.
Joy is sleeping like a baby.

Louise Gluck

marzo 04, 2021

La lentitud (fragmento)

 Se nos antojó pasar la tarde y la noche en un castillo. En Francia, muchos se han convertido en hoteles: un espacio perdido de verdor en una extensión de fealdad sin verdor; una parcela de alamedas, árboles y pájaros en medio de una inmensa red de carreteras. Voy conduciendo y, por el retrovisor, observo un coche que me sigue. El intermitente izquierdo parpadea y todo el coche emite ondas de impaciencia. El conductor espera la ocasión para adelantarme, aguarda ese momento como un ave de rapiña acecha un ruiseñor.

Vera, mi mujer, me dice: <<Cada cincuenta minutos muere un hombre en las carreteras de Francia. Mira todos esos locos que conducen a nuestro alrededor. Son los mismos que se muestran extraordinariamente cautos cuando asisten en plena calle al atraco de una viejecita. ¿Cómo es que no tienen miedo cuando van al volante? >>.

¿Qué contestar? Tal vez lo siguiente: el hombre encorvado encima de su moto no puede concentrarse sino en el instante presente de su vuelo; se aferra a un fragmento de tiempo desgajado del pasado y del porvenir; ha sido arrancado a la continuidad del tiempo; dicho de otra manera, está en estado de éxtasis; en este estado, no sabe nada de su edad, nada de su mujer, nada de sus hijos, nada de sus preocupaciones y, por  tanto, no tiene miedo, porque la fuente del miedo está en el porvenir, y el que se libera del porvenir no tiene nada que temer.

La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Contrariamente al que va en moto, el que corre a pie está siempre presente en su cuerpo, permanentemente obligado a pensar en sus ampollas, en su jadeo; cuando corre siente su peso, su edad, consciente más que nunca de sí mismo y del tiempo de su vida. Todo cambia cuando el hombre delega la facultad de ser veloz a una máquina: a partir de entonces, su propio cuerpo queda fuera de juego y se entrega a una velocidad que es incorporal, inmaterial, pura velocidad, velocidad en sí misma, velocidad éxtasis.

Curiosa alianza: la fría impersonalidad de la técnica y el fuego del éxtasis. Recuerdo una norteamericana, a la vez ceñuda y entusiasta, especie de apparatchik del erotismo, que hace treinta años me dio una lección (gélidamente teórica) sobre la liberación sexual; la palabra más recurrente en su discurso era la palabra <<orgasmo>>; conté las veces: cuarenta y tres. El culto al orgasmo: el utilitarismo puritano proyectado en la vida sexual; la eficacia contra la ociosidad; la reducción del coito a un obstáculo que hay que superar lo más rápidamente posible para alcanzar una explosión extática, única meta verdadera del amor y del universo.

¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud? Ay, ¿dónde estarán los paseantes de antaño? ¿Dónde estarán esos héroes holgazanes de las canciones populares, esos vagabundos que vagan de molino en molino y duermen al raso? ¿Habrán desaparecido con los caminos rurales, los prados y los claros, junto con la naturaleza? Un proverbio checo define la dulce ociosidad mediante una metáfora: contemplar las ventanas de Dios. Los que contemplan las ventanas de Dios no se aburren; son felices. En nuestro mundo, la ociosidad se ha convertido en desocupación, lo cual es muy distinto: el desocupado está frustrado, se aburre, busca constantemente el movimiento que le falta.

Miro por el retrovisor: siempre el mismo coche que no consigue adelantarme por culpa del tráfico en sentido contrario. Al lado del conductor va una mujer, ¿por qué el hombre no le cuenta algo gracioso?, ¿por qué no descansa una mano en su rodilla? En lugar de eso, maldice al automovilista que, delante de él, no avanza lo bastante rápido; tampoco la mujer piensa en tocar al conductor con la mano, conduce mentalmente con él, y ella también me maldice.

Entretanto pienso en aquel otro viaje de París a un castillo en el campo, que tuvo lugar hace más de doscientos años, el viaje de Madame de T. y el joven caballero que la acompañaba. Es la primera vez que están tan cerca el uno del otro y la indecible atmósfera de sensualidad que les envuelve nace precisamente de la lentitud de la cadencia: mecidos por el movimiento del carruaje, los dos cuerpos se rozan, primero sin querer, luego queriéndolo, y se traba la historia.

Milan Kundera

febrero 17, 2021

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
 
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
 
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
 
Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.

Wislawa Szymborska

Te pienso en cada almohadón, en cada yogur con cuchara,
te pienso en esas diminutas flores amarillas
que crecen entre el pasto.

febrero 16, 2021

Consejo mortal

Levanta tu edificio. Planta un árbol.
Combate si eres joven. Y haz el amor, ¡ah, siempre!
Mas no olvides al fin construir con tus triunfos
lo que más necesitas: Una tumba, un refugio.

-Gabriel Celaya

El rinconcito de mi alma que llenabas de pelo ahora está lleno de agua.

agosto 08, 2019

Las mismas medias mojadas de transpiración, el mismo olor a flores con humo de la zafra y las mismas ganas de dormir. Todo lo mismo. Tu mamá preguntándote a dónde vas, con quién, como si desde hace años no salieras a los mismos lugares, con la misma gente. La misma promesa de algo que no llega en cada cucharada del guiso de lentejas, en cada viernes volviendo en colectivo por los mismos baches, por las mismas ventanillas rayadas y los mismos reflejos de sueños sin cumplir esperándote en la misma parada para acompañarte de nuevo a tu sillón, a pasar los mismos canales, otra vez, una noche más, un agosto más, un año más... Otra vez, siempre igual.

Anna.

abril 04, 2019

 “Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado... Voy a contarte de una que a partir de esta noche será mi hermana y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y, dime, ¿cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella no existirían el suspiro ni el deseo. Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz."

—Vieja Kush.


Liliana Bodoc
Los días de la sombra

marzo 24, 2019

También tú eres el amor.
Eres de sangre y tierra
como los otros. Andas
como quien no se mueve
de la puerta de casa.
Miras como el que espera
y no ve. Eres tierra
que sufre y calla.
Te sobresaltas y fatigas,
tienes palabras –caminas
esperando. El amor
es tu sangre –no otra.

Cesare Pavese




enero 20, 2019

Convenceme. Decime que me querías. Que no me conocés, ni sabés nada de la vida, pero que igual me querés. Decime que no sos un desgraciado como los demás, que no me conocés pero que sabías desde el principio que todas las cosas lindas del mundo las tenía escondidas en las pestañas. Decime que no podés prometerme ni oro ni viajes a Europa, pero que me vas a compensar con un millón de mates en la vereda de nuestra casa, escuchando tango hasta que nos hagamos viejos. Regalame tus domingos y tus proyectos. Nos llenemos de gatos y de libros y de guitarra y de amigos y de sueños. Nos llenemos de nosotros y de tiempo.


Anna.

enero 07, 2019

Soy así, como los gatos. Desconfiada, invasiva, tímida, absurda, inconstante. Me tomo mi tiempo para medir las cosas. Me paso horas mirando por la ventana, y a veces sólo sé desaparecer. Me hipnotizan los brillos y los detalles tontos. Sueño con los pájaros que me gustaría algún día atrapar. Soy así. Como los gatos. Obsesiva, incisiva, pasional, intensa, vaga. Testaruda. Estoy más despierta de noche sola que de día con los demás. Me gusta besar con la mirada, dormir inverosímilmente, lavarme las manos cada dos por tres. Cantarle a la luna la tristeza de ese amor que no tuve y que perdí, y las caricias simples. Peleadora, ridícula, tierna sin querer. Como los gatos. Así.



Anna.

diciembre 04, 2018

Mediana edad

 Mi papá está cansado

ha vivido ya
quizá más de la mitad de su vida
y está cansado
de los hijos que no han crecido
como él quería que crecieran,
de la casa que no sabe
cuándo se le llenó tanto
de perros, está cansado
de tantas cosas que hay que
arreglar y de esta casa
vieja como él,
con goteras y manchas y
muebles descoloridos,
ya vencidos.
Está cansado, mi padre
de los médicos y los exámenes,
de sus riñones,
de las dietas,
de la música que escucha
mi hermano, de sus malas notas,
de su vida a medio vivir.
Mi papá está cansado
de sus propios padres,
casi muertos pero nunca del todo,
de su mujer y de los rezos,
de la cama fría y el sexo
sólo en las películas,
con el volumen bajo
para que no escuchen
“los chicos”.
Mi papá está cansado,
muy cansado,
pero otra vez le da sueño
y va a acostarse temprano
para ir al otro día
al trabajo.


Anna.

diciembre 01, 2018

'Y a pesar de todo me regalabas libros que escribías por las noches...'

Una vez salimos de fiesta tú y yo solas. Una detrás de otra. Pero hubo una noche, ¿te acuerdas?

Íbamos disfrazadas y puestas hasta las cejas. Primero bailamos como si ya nos estuviésemos riendo de todo esto y luego también lloramos.

Me abrazabas y yo sólo quería que no te acercases del todo; no te fueses a cortar con todo lo rota que estaba.

Y me abrazaste otra vez; igual de rota pero tan guapa como siempre. Y entendí que cuando los rotos se abrazan se forman mantas. Mantas en las que pasar un invierno o toda una vida.

Me dijiste; 'Tú dijiste que había personas que te hacían grandes. Y yo me siento orgullosa de lo que soy, porque tú te sientes orgullosa de mí.' y han pasado dos años y todavía no sé qué contestar a eso.

Has vomitado en todas las baldosas de mi casa y me has metido en todos los taxis que no supe parar.

Has sido freno cuando había un muro delante. Y has sido muro cuando necesitaba sostenerme.

Contigo me he reído tanto que a veces se me olvida lo llorado. Eres tan diferente al resto que salimos ganando.

Ojalá toda una vida en la que me sigas llevando la contraria y quitando tanto la razón, para que no me pese el equipaje a cuestas.

¿Me oyes? Toda una vida.




Irene X
http://mellamoirene.blogspot.com

diciembre 01, 2017


Hacia el Valhalla, 
donde mis hermanos guerreros me esperan 
guiado por el suave abrazo 
de las Valkirias. 
Donde Odín me cobijará.

mayo 09, 2017

Otoño, 25

He vivido inclinada,
como una hoja por un viento fuerte,
buscando tu refugio,
tu aprobación, ser amada.

He sido tu mascota,
como un perro te he buscado
tantas veces lamí la mano
con la que me golpeabas,

hociqueé alrededor tuyo
en busca de migajas,

te cubrí las heridas de besos
aunque vos ni me mirabas.

Te seguí amando,
aunque me abandonaste en la calle,
en la oscuridad, sola,
sin un peso, sin dignidad, sin alma.

Y todavía te sueño,
persigo tu nombre como mi cola,
espero bajo la sombra
un indicio de tu llegada...

Pero ya basta.

Y qué mejor que citar
ahora mismo tus palabras:
"Mejor morir de pie,
que vivir arrodillada".

Sea.
De ahora en más,
aunque duela como infierno,
no vuelvo más a tu parada.

Viví como elegiste vivir.
Es tiempo de que esta hoja
se desprenda del árbol
al que se amarra.


Anna.

mayo 02, 2017

My garden

¿Y qué debería haber hecho sino correr y esconderme? ¿Saludarte? ¿Ignorarte?
No podía hacer más que correr. Correr hasta que me reventaran los pulmones. Correr hasta que me muera, porque de nuevo soy yo la que te estoy viendo, mientras vos ni siquiera sabés que estoy ahí.

"Él era mi mitad. El problema es que yo no era su mitad."



in the sun and in the rain
and in the day and in the night

pain is a flower
pain is flowers

blooming all the time.

C. Bukowski

Parece increíble que todavía sueñe con vos. Cuando él me pregunta por qué estoy llorando, le digo que tuve pesadillas. Todas las noches, en especial ahora que hace frío. ¿De dónde salís? ¿En qué lugar oscuro estás tan guardado que no puedo sacarte?
"Te llevo debajo de la piel".
En un músculo de esos que sólo sabés que existen cuando duelen el día después del gimnasio. En un agujero tapado con vidrio, por el que de noche te miro sin llegar nunca hasta vos.
¿Decisión o destino?



Usá auriculares.


abril 29, 2017

¿Por qué se suicidan las ballenas?

En la mitología griega, ballenas y delfines, expulsados por Neptuno y obligados a abandonar el mar amado, se suicidaban arrojándose contra la orilla. 

Hoy, la mayoría de los investigadores que tratan de explicar este fenómeno coinciden en la teoría de la desorientación: dado que los cetáceos son por lo general gregarios, se trasladan por los océanos guiados por un líder que, si se pierde o enferma, hace que el resto del grupo imite su conducta.

¿Pero por qué se desorientan?

No está demostrado, pero podría ser que la mano del hombre tuviera una elevada influencia sobre ello. Una de las principales amenazas para los cetáceos parece estar relacionada con el incremento exponencial del tráfico marítimo en las últimas décadas: los ruidos de baja frecuencia producidos por grandes barcos y las altas frecuencias de pequeñas embarcaciones pueden tener grandes efectos sobre sensibles cetáceos. Más concretamente, el ruido de los aparatos de sonar de uso militar parece que afecta de una manera tan brutal a los cetáceos que estos pueden optar por subir a superficie a una velocidad excesiva. Esto provoca la aparición de burbujas en el torrente sanguíneo, por descompresión, y estas burbujas han sido detectadas en análisis forenses de estos animales.

Los delfines y las ballenas viven en un mundo acústico, y sus imágenes del mundo que les rodea son imágenes acústicas. El sufrimiento que les impulsa a salir del agua podría obedecer al deseo de escapar de una tortura acústica insufrible para ellos. Exactamente igual que el salto al vacío de una persona que se tira por la ventana de un edificio en llamas,  cuando ya no puede aguantar en su cuerpo el calor recibido por la radiación infrarroja.


abril 27, 2017

Me sigue. A donde sea que voy, me sigue. Lee lo que te escribo, mira las fotos que publico, me escucha cantar las canciones que canto para vos. Duerme conmigo en mi cama, se mete en mis sueños, usa tu ropa, ¡mi ropa! y de nuevo veo su cara cada vez que miro al cielo.
Ya va a hacer un año desde que te fuiste. Dos años desde que dormiste con otra. Tres años desde que no estamos más juntos. Cuatro años desde el último de mis cumpleaños que celebramos juntos.
Parece, si uno tacha los días con negro, yo lo hago, voy tachando los días, y cuento el tiempo, uno, dos, tres años. Pero no. Yo sigo acá atrapada, con los diez mil pesos de premio en la mano, parada sobre el escenario, buscándote entre la gente y sin encontrarte, el tiempo congelado, ahí, para siempre.


なにもなくて... 悲しすぎて

abril 15, 2017

Trato de leer entre líneas. Busco un mensaje escondido, una esperanza. Alguna cosa en clave, una palabra, un nombre que me diga que estás ahí, una fecha, una señal. 
A veces me convenzo de que no hay.
A veces me pregunto por qué sigo buscando, qué espero encontrar. Me digo a mí misma que debería dejar de revolver toda esa mugre de recuerdos. Que tengo que apuntar para adelante. Que a lo mejor no me va tan bien ahora, pero que me va a ir mejor. Que tengo que esforzarme. Me lo digo muchas veces.
Pero es que. 
Pero.
Hay una bombacha colgada en su baño, tantas veces oí la comparación, una bombacha como una bandera, marcando un territorio. Vos entrando al baño, la bombacha ahí colgada, ella riéndose desnuda y te arroja una remera hecha un bollo que se revienta contra tu cara. Vos también te reís. 
Nunca llegaste a ver mis bombachas colgadas. Cómo, si nunca compartimos casa. Cómo, si yo era a penas una nena entonces. Cómo. Cuándo.
Bombachas como banderas. Una vez en el Mollar una mina te dijo que "estabas meado", como árbol marcado por un perro, porque yo te había abrazado enfrente de ella, mientras cocinabas el almuerzo. Habíamos estado peleados ese verano, y vos no te esperabas ese abrazo. Te dolió estar marcado. Te dolió que otra mina lo dijera.
Pero ahora la bombacha, y no te das cuenta. No te das cuenta que de nuevo "estás meado". Las mujeres somos de verdad criaturas extrañas. 
Una marca. De que no le pertenecés del todo a ella. Una señal, de que al menos los días de lluvia tu cabeza me piensa, allá lejos, de que estoy en tu lista negra, tal vez, pero soy la primera y de vez en cuando por lo menos, te acordás de mí.
Aunque algunas veces pienso que probablemente ni eso. Porque... en fin.

Anna.