noviembre 22, 2015

¿Cómo puede ser que sepa dónde estás? ¿Que sepa con quién estás y lo que vas a hacer esta noche? ¿Y que yo sea nada más que una constelación lejana en tu mapa y sepa, y ese saber me esté gastando, gastando como a las piedras? Un corazón aplastado, mil y un veces aplastado, por ese río tuyo, que me va erosionando. ¿Nunca sentiste que hacía falta mantener todos los músculos tensionados, porque si aflojabas medio segundo podría ser que estallaces en mil pedazos? Yo sé lo que pensás de mí, lo que ellos piensan. Pero qué importa. Ya nunca quiero volver a escuchar mi nombre con esas voces. Por esa manía de juzgarme me ha quedado la costumbre enraizada. A veces no escucho cuando me llaman, como si no fuera yo. Algún cable está desconectado del mundo.

Pero está él, todo él, que es tan, tan necesario, todo, todo él, en un cielo chiquito pero cercano, al que vos no vas a llegar. Para ir a la luna se necesitan compartimentos de a dos y vos no sabés construirlos. Y aunque mis noches sean de un insomnio blanco, aunque ya no existe el sueño de la familia con la casa, el perro, los gatos, aunque no sepa qué hacer conmigo ni con el mundo y quiera morirme de a ratos, escarvo amor con palillos, y sigo viva, dividida, hecha mil pedazos.

Decime, ¿por qué iría a buscarte, un día que no es el día, por qué destruiría lo poco que me queda en la vida, para morirme en tu sombra, después, con tu partida? ¿Le vas a dejar a este, mi árbol de Navidad viejo y deshojado, mi media sola agujereada -sobre una chimenea apagada-, nuevos besos ausentes, nuevas despedidas, nuevos lazos nunca unidos, nuevos desvelos, nuevos suicidios?



Anna

noviembre 21, 2015

Cielorojo no es parecida a Avy. Es sacerdote como Avy. Es rubia como Avy. Pero no es parecida. El pelo de Cielorojo es amarillo oscuro, amarillo sol de ocaso. El pelo de Avy es amarillo casi blanco, como los primeros rayos del sol cuando amanece. Avy no susurra la magia como Cielorojo, recitándola como un secreto, pintándose los labios con su poder sombrío. Cuando Cielorojo conjura, los árboles tiemblan como si soplara viento, la tierra tiembla, los hombres. Cuando Cielorojo hace el amor es como una tormenta, muerde en los lugares sensibles, clava las uñas hasta dejar su huella. El cuerpo blanco de Cielorojo es como el fondo del mar, irresistible y peligroso, hermoso y oscuro. Krygon lo recorre con sus manos ásperas de espadas y escudos, dejándose ahogar por momentos en sus aguas turbias. Los ojos violeta de Cielorojo le recuerdan los ojos de los dragones del tiempo.
La magia de Cielorojo es violeta, como sus ojos.

Sentado en la cama, Krygon la mira dormir; todavía desde la inconsciencia del sueño, Cielorojo es Cielorojo. No hace tanto calor, pero duerme destapada, sus pechos insolentes apuntando al cielo nocturno, su melena rubia esparcida como un charco dorado por la almohada. Krygon le pasa el dedo índice por su frente pálida, por la nariz, y se levanta antes de llegar a su boca, a los labios violetas de Cielorojo que suspira en sueños.

Hace días que no puede dormir y no sabe por qué. Aunque no hay nadie más que ellos en la casa, se viste para salir a la salita, cruzar la salita y encontrar la bota con agua sobre la mesa junto a la cena a medio comer, junto a los platos sucios con la cena de varios días atrás. Por la ventana entra la luz de la luna, que se ve gorda y clara sobre la torre del bastión de Dalaran, y Krygon toma largos sorbos de agua que se le escurren por el mentón y luego por el pecho, sin mirarla. La puerta de la habitación del otro lado de la salita permanece cerrada. Aunque Cielorojo ha insistido, no ha podido volverla a abrir. Sabe que no hay nadie, que ya no hay nadie, ni lo habrá, pero igual no puede acercarse y abrirla, simplemente abrirla y no encontrar. No encontrar nada. Prefiere dejarla cerrada e imaginar una cascada de pelo color amanecer bañando las sábanas de colores, como la vio tantas otras noches con una luna igual.

noviembre 19, 2015

"Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza, y el único perdón."

Jorge Luis Borges

noviembre 18, 2015

Te odio.
Odio todo lo que me dijiste,
cada una de tus palabras,
el sonido acompasado de tu voz
diciéndome
"no me voy,
si no venís conmigo
no me voy".
Odio tus pestañas
y tus cejas
y tus lunares
y tus hombros
odio hasta tu maldito ombligo
donde estaba guardado el universo.
Odio tu estúpida sonrisa
en todas las fotos
donde salís sin barba
y el pelo corto
con tiradores
a lo Frank Sinatra.
Odio cada infeliz verano
odio Córdoba y
te odio por no venir
te odio por prometerme
te odio por no cumplir
te odio por irte y
te odio por quererme
tan desprendidamente
tan orgullosamente
tan lejanamente.
Te odio,
te odio,
te odio.


Anna.

noviembre 16, 2015

¿Cómo junto todos estos pedazos? No me dejes. Tenés que quedarte conmigo porque sólo vos sabés si creo en algo a veces. Tenés que quedarte para decirme si está bien o si está mal o si no es asunto mío. Tenés que quedarte para decirme quién soy, para que no lo olvide, para que no me lleve un rayo hacia el centro de la tierra. No podés irte porque sólo vos sabés si quiero seguir viviendo. No me dejes.

Aunque todo sea incierto, pedime que salte (yo cambio la música por oír tu voz), pedime que salte en la oscuridad pero no me dejes.
No me dejes.


José Sbarra
Los pro y los contra de hacer dedo
Jimmy Fontana - Il mondo

noviembre 15, 2015

"Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe."

Jacques Alain Miller

noviembre 12, 2015

La noche

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano

noviembre 11, 2015

"Cuando alguien te ama, la forma en la que dice tu nombre es diferente. Sabes que tu nombre está a salvo en su boca."

Anónimo.

noviembre 08, 2015

Palabras puente sobre este agujero.
Palabras paracaídas sobre este vacío.
Palabras que lluevan sobre estos campos míos,
tan secos, tan secos.
Palabras sangre para estas venas sin consuelo,
palabras música para este, mi valle con eco.
¿Dónde estuviste cuando se araron los campos?
¿Vas a llenar con palabras las zanjas de ambos?

Anna.

noviembre 07, 2015

No dejes que te impresionen las estrellas
que quizá estén todas muertas.
No te dejes corroer por las canciones añejas
Duerme y nada más.
Esta noche, duerme
Mañana una muchedumbre de arcoíris
con lo que haya quedado vivo, ya conoces el mecanismo
te fabricarán una sonrisa nueva.

Ahora duerme y nada más,
esta noche, duerme.
No te castigues con la luna,
ese transatlántico indiferente,
este silencio pasará
volverán las palabras como pájaros,
como veranos, como soles
volverán las palabras
y alguien dirá tu nombre.

Esta noche, duerme,
echa el ancla y duerme,
duerme.
Que por unas horas oscuras nada te hiera.
No llores, no implores, respira y duerme
concéntrate en la respiración
y acaríciate un hombro,
amate un poco y duerme
esta noche duerme.

Mañana tendrás la oportunidad,
flamante y renovada de volverte a equivocar.


Del mal amor
José Sbarra

noviembre 06, 2015

Viernes

En este momento estás leyendo. El colectivo va lleno, pero de suerte vos estás sentado, lo que de alguna manera te recuerda que te subiste hace muchas paradas, cuando el colectivo iba todavía vacío, aunque todavía te faltan muchas paradas más. No te molesta realmente; siempre has disfrutado el tiempo muerto de los viajes, con el alivio del escape a la obligación, al apuro. El libro que vas leyendo tiene más de quinientas páginas y te dejás consumir la concentración con un deleite perverso. Das vuelta una hoja y te detenés un momento para pensar cuándo fue que dejaste de leer cómics para leer libros como ése. Estás casi al último de una larga hilera de asientos, inmune a las señoras ancianas o a las jóvenes embarazadas que le disputan el privilegio de sentarse a los pasantes de los de más adelante. No hay nada que pueda interrumpir la intensidad con la que tus ojos fulminan cada palabra en letra de imprenta.

Afuera se arremolinan nubes como de lluvia. La ventana contra la que vas apoyado está a penas abierta y hay un hilo de aire húmedo que te promete una buena noche para tomar café y leer. No te importa que sea viernes. Llegás por fin al departamento y ponés a hervir el agua. Hay una cafetera eléctrica en un costado, que no usás hace tanto tiempo que quizá ya no funcione. Te la regaló tu hermano, que sabe de tu afición al café por sobre todo. La usaste una sola vez, una noche como la de hoy, pero hace muchos años. Aunque ese departamente no es realmente tuyo, estás mejor que en tu casa. Abrís el ventanal del balcón, ves algunas luces prenderse en otros departamentos, otros ventanales que se abren. El libro ha quedado semi abierto sobre la mesa, las hojas se desordenan con el aire que entra.

En otra época te hubiera parecido una herejía gastar un viernes encerrado. Te acordás que era Sofía la que prefería estas cosas, y vos te burlabas tanto de ella por eso, aunque ya de grande y a lo mejor queriendo un poco sucumbiste a su afición. Ahora, que más que nunca sentís cómo cada parte de tu cuerpo irradia una virilidad implacable, te dan ganas de quedarte encerrado, escribiendo, leyendo, oliendo el café que ya se enfría sobre la mesa junto a tu libro, junto a tu noche de viernes y junto a ese nombre que pasa volando como ventisca de otoño sobre las hojas y se pierde en un recuerdo lejano, casi como el recuerdo de un sueño.


Anna.

noviembre 05, 2015

-No entiendo. Me habías dicho: "No nos vamos a ver más. Somos libres". Yo me quedé muda mirándote la espalda y te perdiste en la esquina de la estación. ¿Qué esperabas? ¿Que te corriera atrás? ¿Que te llamara a gritos? ¿Para qué quería yo esa libertad que me regalabas? ¿Para qué la quería?

Eduardo Galeano
Fragmento de "La canción de nosotros"

noviembre 01, 2015

Eran
tres
lunares
perfectos,
secretos,

uno arriba del labio
otro sobre la frente
uno justo en el cuello.

Era
un camino
rumbo al cielo
que iba
de bajada.

Ahora
sólo hay
pedazos
de palabras,

undolorquenotienenombre.

Mi alma
hace
años que
no existe

pero este
ardor
en el pecho
es siempre

siempre

tan nuevo.

julio 20, 2015

A vos

He vuelto a vos
mi nido,
mi centro,
mi ancla.

He vuelto, pero sabés que me voy
mi alma está inquieta
aunque una vez más vuelva
a acomodarme en tu recodo.

mi norte es estar perdida
no soy de los que nacen derechos
pero hay algo aquí que consuela,
algo que adormece.

Y siempre vuelvo a vos,
mi ancla,
mi centro,
mi nido.


Anna.

mayo 09, 2015

"Estás encerrado, supongamos, penando tus penares, tus penas de verdad, penas del dolor y del horror, y también las otras, tus penas tontas y tantas: estás condenado, supongamos, a pena perpetua, prisionero de la tristeza en celda solitaria, incomunicado y sin visita. Y de pronto, supongamos, aparece una pulga, inesperada, que se pone a practicar piruetas de circo en la palma de tu mano. Una pulga: una palabra. Una palabrita, que llega sin aviso, y juega."

E. Galeano