noviembre 18, 2015

Te odio.
Odio todo lo que me dijiste,
cada una de tus palabras,
el sonido acompasado de tu voz
diciéndome
"no me voy,
si no venís conmigo
no me voy".
Odio tus pestañas
y tus cejas
y tus lunares
y tus hombros
odio hasta tu maldito ombligo
donde estaba guardado el universo.
Odio tu estúpida sonrisa
en todas las fotos
donde salís sin barba
y el pelo corto
con tiradores
a lo Frank Sinatra.
Odio cada infeliz verano
odio Córdoba y
te odio por no venir
te odio por prometerme
te odio por no cumplir
te odio por irte y
te odio por quererme
tan desprendidamente
tan orgullosamente
tan lejanamente.
Te odio,
te odio,
te odio.


Anna.

noviembre 16, 2015

¿Cómo junto todos estos pedazos? No me dejes. Tenés que quedarte conmigo porque sólo vos sabés si creo en algo a veces. Tenés que quedarte para decirme si está bien o si está mal o si no es asunto mío. Tenés que quedarte para decirme quién soy, para que no lo olvide, para que no me lleve un rayo hacia el centro de la tierra. No podés irte porque sólo vos sabés si quiero seguir viviendo. No me dejes.

Aunque todo sea incierto, pedime que salte (yo cambio la música por oír tu voz), pedime que salte en la oscuridad pero no me dejes.
No me dejes.


José Sbarra
Los pro y los contra de hacer dedo
Jimmy Fontana - Il mondo

noviembre 15, 2015

"Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe."

Jacques Alain Miller

noviembre 12, 2015

La noche

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano

noviembre 11, 2015

"Cuando alguien te ama, la forma en la que dice tu nombre es diferente. Sabes que tu nombre está a salvo en su boca."

Anónimo.

noviembre 08, 2015

Palabras puente sobre este agujero.
Palabras paracaídas sobre este vacío.
Palabras que lluevan sobre estos campos míos,
tan secos, tan secos.
Palabras sangre para estas venas sin consuelo,
palabras música para este, mi valle con eco.
¿Dónde estuviste cuando se araron los campos?
¿Vas a llenar con palabras las zanjas de ambos?

Anna.

noviembre 07, 2015

No dejes que te impresionen las estrellas
que quizá estén todas muertas.
No te dejes corroer por las canciones añejas
Duerme y nada más.
Esta noche, duerme
Mañana una muchedumbre de arcoíris
con lo que haya quedado vivo, ya conoces el mecanismo
te fabricarán una sonrisa nueva.

Ahora duerme y nada más,
esta noche, duerme.
No te castigues con la luna,
ese transatlántico indiferente,
este silencio pasará
volverán las palabras como pájaros,
como veranos, como soles
volverán las palabras
y alguien dirá tu nombre.

Esta noche, duerme,
echa el ancla y duerme,
duerme.
Que por unas horas oscuras nada te hiera.
No llores, no implores, respira y duerme
concéntrate en la respiración
y acaríciate un hombro,
amate un poco y duerme
esta noche duerme.

Mañana tendrás la oportunidad,
flamante y renovada de volverte a equivocar.


Del mal amor
José Sbarra

noviembre 06, 2015

Viernes

En este momento estás leyendo. El colectivo va lleno, pero de suerte vos estás sentado, lo que de alguna manera te recuerda que te subiste hace muchas paradas, cuando el colectivo iba todavía vacío, aunque todavía te faltan muchas paradas más. No te molesta realmente; siempre has disfrutado el tiempo muerto de los viajes, con el alivio del escape a la obligación, al apuro. El libro que vas leyendo tiene más de quinientas páginas y te dejás consumir la concentración con un deleite perverso. Das vuelta una hoja y te detenés un momento para pensar cuándo fue que dejaste de leer cómics para leer libros como ése. Estás casi al último de una larga hilera de asientos, inmune a las señoras ancianas o a las jóvenes embarazadas que le disputan el privilegio de sentarse a los pasantes de los de más adelante. No hay nada que pueda interrumpir la intensidad con la que tus ojos fulminan cada palabra en letra de imprenta.

Afuera se arremolinan nubes como de lluvia. La ventana contra la que vas apoyado está a penas abierta y hay un hilo de aire húmedo que te promete una buena noche para tomar café y leer. No te importa que sea viernes. Llegás por fin al departamento y ponés a hervir el agua. Hay una cafetera eléctrica en un costado, que no usás hace tanto tiempo que quizá ya no funcione. Te la regaló tu hermano, que sabe de tu afición al café por sobre todo. La usaste una sola vez, una noche como la de hoy, pero hace muchos años. Aunque ese departamente no es realmente tuyo, estás mejor que en tu casa. Abrís el ventanal del balcón, ves algunas luces prenderse en otros departamentos, otros ventanales que se abren. El libro ha quedado semi abierto sobre la mesa, las hojas se desordenan con el aire que entra.

En otra época te hubiera parecido una herejía gastar un viernes encerrado. Te acordás que era Sofía la que prefería estas cosas, y vos te burlabas tanto de ella por eso, aunque ya de grande y a lo mejor queriendo un poco sucumbiste a su afición. Ahora, que más que nunca sentís cómo cada parte de tu cuerpo irradia una virilidad implacable, te dan ganas de quedarte encerrado, escribiendo, leyendo, oliendo el café que ya se enfría sobre la mesa junto a tu libro, junto a tu noche de viernes y junto a ese nombre que pasa volando como ventisca de otoño sobre las hojas y se pierde en un recuerdo lejano, casi como el recuerdo de un sueño.


Anna.

noviembre 05, 2015

-No entiendo. Me habías dicho: "No nos vamos a ver más. Somos libres". Yo me quedé muda mirándote la espalda y te perdiste en la esquina de la estación. ¿Qué esperabas? ¿Que te corriera atrás? ¿Que te llamara a gritos? ¿Para qué quería yo esa libertad que me regalabas? ¿Para qué la quería?

Eduardo Galeano
Fragmento de "La canción de nosotros"

noviembre 01, 2015

Eran
tres
lunares
perfectos,
secretos,

uno arriba del labio
otro sobre la frente
uno justo en el cuello.

Era
un camino
rumbo al cielo
que iba
de bajada.

Ahora
sólo hay
pedazos
de palabras,

undolorquenotienenombre.

Mi alma
hace
años que
no existe

pero este
ardor
en el pecho
es siempre

siempre

tan nuevo.

julio 20, 2015

A vos

He vuelto a vos
mi nido,
mi centro,
mi ancla.

He vuelto, pero sabés que me voy
mi alma está inquieta
aunque una vez más vuelva
a acomodarme en tu recodo.

mi norte es estar perdida
no soy de los que nacen derechos
pero hay algo aquí que consuela,
algo que adormece.

Y siempre vuelvo a vos,
mi ancla,
mi centro,
mi nido.


Anna.

mayo 09, 2015

"Estás encerrado, supongamos, penando tus penares, tus penas de verdad, penas del dolor y del horror, y también las otras, tus penas tontas y tantas: estás condenado, supongamos, a pena perpetua, prisionero de la tristeza en celda solitaria, incomunicado y sin visita. Y de pronto, supongamos, aparece una pulga, inesperada, que se pone a practicar piruetas de circo en la palma de tu mano. Una pulga: una palabra. Una palabrita, que llega sin aviso, y juega."

E. Galeano

febrero 28, 2015

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.


II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina


Jorge Luis Borges

noviembre 24, 2014

En verdad,
crees que siempre
estoy alegre
y que nada me duele.
Ni tu partida.
Ni tu regreso.
Ni el frío
que nacerá
cuando de mí
te ausentes.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Con tus años,
tú no conoces
la soledad.
A tu edad,
se la oye nombrar
a menudo
como a un pariente
muy lejano,
que nos alumbra,
desde lejos,
el fondo
del pecho.

Y uno cree
estar tan solo
y tan triste,
que la risa
de otros
nos parece
nacer
en la alegría.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Pero uno se equivoca.
Y pronto descubre
estar avanzando por el tiempo.
La soledad, entonces
ya no tiene la edad
de nosotros,
sino la edad del alma.

Ahora tienes
que mirarme el alma,
para saber si estoy
solo conmigo,
cuando te marches
mañana.
Sábelo,
todo lo tuyo
me importa en extremo.
Tu mano,
dulce y pequeña,
guarda mi rostro,
mis cabellos,
mis labios
encerrados
en su cuenco
moreno.
Tus labios
hechos
para que yo
los besara,
me guardan
en su húmedo
mundo.
Tu pecho,
está invadido
por mi tacto
salvaje,
que te busca
intranquilo
por las tardes.

Tú lo sabes.

Cuando te vayas,
algo de mí
se irá contigo,
no lo olvides,
alma mía.

Pero cuando vuelvas
puede que ya no
regreses conmigo,
porque ya me habrás
abandonado.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.
Tal vez
cuando tú vuelvas,
ya me haya marchado
para siempre de la vida,
sin que tú lo comprendas,
ni yo lo haya querido.
Pero antes, amor mío,
quiero que siempre
creas en mis labios.
En mi voz.
En mis combates.
Aun cuando no volvamos
a estar juntos
por las tardes.
llenas de viento
y jacarandaes.
Y que me mires como soy:
el más alegre de todos,
pero también el más triste.

Uno es así de extraño
cuando se tiene mi edad
y se lleva la gravedad
del mundo en la sangre.

Me gusta luchar,
para que todos podamos
ser felices algún día.
Lo sabes, amor mío.
Pero también
me gusta amarte
cuando hacia mí
vienen tus pasos.
Y sé que dudas tanto.
En verdad de verdades,
deberías quedarte
conmigo
para todos los tiempos.
Pero te vas,
sin que yo sepa
si volveremos
a vernos
solos
por las tardes.

Es tan extraña
y tan compleja
la vida,
que cuando vuelvas
puedes traer
otro nombre
escrito en las pupilas.
Amor mío,
lo sé, porque
también soy inconstante.


Otto René Castillo

noviembre 19, 2014

Qué vas a entender vos, es como si te sacaran los oídos y los cocinaran en consomé, ¿y qué ibas a hacer sin música en tu vida, ah? ¿AH? Y nada, obvio, seguir viviendo, o a lo mejor tirarte debajo de un colectivo, con algo de suerte volver a nacer perro o gato pero tener oídos. ¿Qué vas a entender de mí, de la sordera, más que un miedo ciego, un miedo irracional? Si no tenerte es como no tener palabras, sos todo lo que no se puede decir de otra manera. ¿Dónde estás, con quién estás? Me han dicho que estoy enferma y me la he creído, la gente por ahí va y se enamora y desenamora como quien tiene hambre y lo sacia con un guiso, y yo acá sin dormir, no importa el tiempo, me pisaste tantas veces y yo no duermo pensando en vos ¿entendés? ¿ENTENDÉS?
¿Acordarme de vos todo el tiempo sabiendo que vos no te acordás de mí?
¿Sucumbir a buscar de nuevo tu boca, descubrir que ya no es mía, que nunca lo fue?
¿Extrañarte porque estás lejos o tenerte al lado y extrañarte?
Vos nunca me pediste nada, siempre fuiste tan ajeno, tan independiente, tan libre.

Si vos me hubieras pedido, yo te traía la luna de Famaillá, dejaba subir al perro a la cama. Si hubieras gritado, si hubieras llamado. Si me hubieras dicho que estaba equivocada, si me hubieras mentido, no importa. Las cosas son así.