noviembre 27, 2021
Romance del enamorado y la muerte
noviembre 17, 2021
Inútil, como para probarme, luchar contra ese río que te cruza en mi misma cuadra, a mi misma hora, para decirnos ¿qué decirnos? Ojalá hubieses podido leer en mi cuerpo, así como leíste en mi estrella, que todo se despedazaba mientras te miraba y no te decía nada, mientras bajaba la cabeza y obedecía al río invisible, si hubieses podido leer que no sé nada de estrellas ni de constelaciones, pero que el río de sangre que corre por mis venas me pedía a gritos no dejarte ir.
Ahora ya no estás acá para explicarme cómo hace una para no ahogarse en esos ríos, y me ahogo en un vaso de cerveza, caliente, una noche más, sin vos.
junio 17, 2021
junio 04, 2021
Un día de verano
¿Quién hizo al cisne, y al oso negro?
¿Quién dio forma al saltamontes?
Me refiero a este saltamontes,
el que acaba de saltar en la hierba,
el que ahora come azúcar de mi mano,
el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?
Mary Oliver
marzo 17, 2021
Visitors from abroad
that time of life
people prefer to allude to in others
but not in themselves, in the middle of the night
the phone rang. It rang and rang
as though the world needed me,
though really it was the reverse.
I lay in bed, trying to analyze
the ring. It had
my mother's persistence and my father's
pained embarrassment.
When I picked it up, the line was dead.
Or was the phone working and the caller dead?
Or was it not the phone, but the door perhaps?
on the front steps. My mother stared at me,
a daughter, a fellow female.
You never think of us, she said.
We read your books when they reach heaven.
Hardly a mention of us anymore, hardly a mention of your sister.
And they pointed to my dead sister, a complete stranger,
tightly wrapped in my mother's arms.
But for us, she said, you wouldn't exist.
And your sister — you have your sister's soul.
After which they vanished, like Mormon missionaries.
all the bushes covered with heavy snow
and the trees glittering, encased with ice.
I lay in the dark, waiting for the night to end.
It seemed the longest night I had ever known,
longer than the night I was born.
I write about you all the time, I said aloud.
Every time I say "I," it refers to you.
The receiver lay on its side among the tangled sheets,
its peevish throbbing had ceased some hours before.
I left it as it was;
its long cord drifting under the furniture.
I watched the snow falling,
not so much obscuring things
as making them seem larger than they were.
Who would call in the middle of the night?
Trouble calls, despair calls.
Joy is sleeping like a baby.
marzo 04, 2021
La lentitud (fragmento)
Vera, mi mujer, me dice: <<Cada cincuenta minutos muere un hombre en las carreteras de Francia. Mira todos esos locos que conducen a nuestro alrededor. Son los mismos que se muestran extraordinariamente cautos cuando asisten en plena calle al atraco de una viejecita. ¿Cómo es que no tienen miedo cuando van al volante? >>.
¿Qué contestar? Tal vez lo siguiente: el hombre encorvado encima de su moto no puede concentrarse sino en el instante presente de su vuelo; se aferra a un fragmento de tiempo desgajado del pasado y del porvenir; ha sido arrancado a la continuidad del tiempo; dicho de otra manera, está en estado de éxtasis; en este estado, no sabe nada de su edad, nada de su mujer, nada de sus hijos, nada de sus preocupaciones y, por tanto, no tiene miedo, porque la fuente del miedo está en el porvenir, y el que se libera del porvenir no tiene nada que temer.
La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Contrariamente al que va en moto, el que corre a pie está siempre presente en su cuerpo, permanentemente obligado a pensar en sus ampollas, en su jadeo; cuando corre siente su peso, su edad, consciente más que nunca de sí mismo y del tiempo de su vida. Todo cambia cuando el hombre delega la facultad de ser veloz a una máquina: a partir de entonces, su propio cuerpo queda fuera de juego y se entrega a una velocidad que es incorporal, inmaterial, pura velocidad, velocidad en sí misma, velocidad éxtasis.
Curiosa alianza: la fría impersonalidad de la técnica y el fuego del éxtasis. Recuerdo una norteamericana, a la vez ceñuda y entusiasta, especie de apparatchik del erotismo, que hace treinta años me dio una lección (gélidamente teórica) sobre la liberación sexual; la palabra más recurrente en su discurso era la palabra <<orgasmo>>; conté las veces: cuarenta y tres. El culto al orgasmo: el utilitarismo puritano proyectado en la vida sexual; la eficacia contra la ociosidad; la reducción del coito a un obstáculo que hay que superar lo más rápidamente posible para alcanzar una explosión extática, única meta verdadera del amor y del universo.
¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud? Ay, ¿dónde estarán los paseantes de antaño? ¿Dónde estarán esos héroes holgazanes de las canciones populares, esos vagabundos que vagan de molino en molino y duermen al raso? ¿Habrán desaparecido con los caminos rurales, los prados y los claros, junto con la naturaleza? Un proverbio checo define la dulce ociosidad mediante una metáfora: contemplar las ventanas de Dios. Los que contemplan las ventanas de Dios no se aburren; son felices. En nuestro mundo, la ociosidad se ha convertido en desocupación, lo cual es muy distinto: el desocupado está frustrado, se aburre, busca constantemente el movimiento que le falta.
Miro por el retrovisor: siempre el mismo coche que no consigue adelantarme por culpa del tráfico en sentido contrario. Al lado del conductor va una mujer, ¿por qué el hombre no le cuenta algo gracioso?, ¿por qué no descansa una mano en su rodilla? En lugar de eso, maldice al automovilista que, delante de él, no avanza lo bastante rápido; tampoco la mujer piensa en tocar al conductor con la mano, conduce mentalmente con él, y ella también me maldice.
Entretanto pienso en aquel otro viaje de París a un castillo en el campo, que tuvo lugar hace más de doscientos años, el viaje de Madame de T. y el joven caballero que la acompañaba. Es la primera vez que están tan cerca el uno del otro y la indecible atmósfera de sensualidad que les envuelve nace precisamente de la lentitud de la cadencia: mecidos por el movimiento del carruaje, los dos cuerpos se rozan, primero sin querer, luego queriéndolo, y se traba la historia.
febrero 17, 2021
Un gato en un piso vacío
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.
febrero 16, 2021
agosto 08, 2019
Las mismas medias mojadas de transpiración, el mismo olor a flores con humo de la zafra y las mismas ganas de dormir. Todo lo mismo. Tu mamá preguntándote a dónde vas, con quién, como si desde hace años no salieras a los mismos lugares, con la misma gente. La misma promesa de algo que no llega en cada cucharada del guiso de lentejas, en cada viernes volviendo en colectivo por los mismos baches, por las mismas ventanillas rayadas y los mismos reflejos de sueños sin cumplir esperándote en la misma parada para acompañarte de nuevo a tu sillón, a pasar los mismos canales, otra vez, una noche más, un agosto más, un año más... Otra vez, siempre igual.
Anna.
abril 04, 2019
“Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado... Voy a contarte de una que a partir de esta noche será mi hermana y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y, dime, ¿cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella no existirían el suspiro ni el deseo. Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz."
—Vieja Kush.
Los días de la sombra
marzo 24, 2019
marzo 16, 2019
enero 20, 2019
Convenceme. Decime que me querías. Que no me conocés, ni sabés nada de la vida, pero que igual me querés. Decime que no sos un desgraciado como los demás, que no me conocés pero que sabías desde el principio que todas las cosas lindas del mundo las tenía escondidas en las pestañas. Decime que no podés prometerme ni oro ni viajes a Europa, pero que me vas a compensar con un millón de mates en la vereda de nuestra casa, escuchando tango hasta que nos hagamos viejos. Regalame tus domingos y tus proyectos. Nos llenemos de gatos y de libros y de guitarra y de amigos y de sueños. Nos llenemos de nosotros y de tiempo.
Anna.
enero 07, 2019
Soy así, como los gatos. Desconfiada, invasiva, tímida, absurda, inconstante. Me tomo mi tiempo para medir las cosas. Me paso horas mirando por la ventana, y a veces sólo sé desaparecer. Me hipnotizan los brillos y los detalles tontos. Sueño con los pájaros que me gustaría algún día atrapar. Soy así. Como los gatos. Obsesiva, incisiva, pasional, intensa, vaga. Testaruda. Estoy más despierta de noche sola que de día con los demás. Me gusta besar con la mirada, dormir inverosímilmente, lavarme las manos cada dos por tres. Cantarle a la luna la tristeza de ese amor que no tuve y que perdí, y las caricias simples. Peleadora, ridícula, tierna sin querer. Como los gatos. Así.
Anna.
diciembre 04, 2018
Mediana edad
Mi papá está cansado
ha vivido yaquizá más de la mitad de su vida
y está cansado
de los hijos que no han crecido
como él quería que crecieran,
de la casa que no sabe
cuándo se le llenó tanto
de perros, está cansado
de tantas cosas que hay que
arreglar y de esta casa
vieja como él,
con goteras y manchas y
muebles descoloridos,
ya vencidos.
Está cansado, mi padre
de los médicos y los exámenes,
de sus riñones,
de las dietas,
de la música que escucha
mi hermano, de sus malas notas,
de su vida a medio vivir.
Mi papá está cansado
de sus propios padres,
casi muertos pero nunca del todo,
de su mujer y de los rezos,
de la cama fría y el sexo
sólo en las películas,
con el volumen bajo
para que no escuchen
“los chicos”.
Mi papá está cansado,
muy cansado,
pero otra vez le da sueño
y va a acostarse temprano
para ir al otro día
Anna.
diciembre 01, 2018
'Y a pesar de todo me regalabas libros que escribías por las noches...'
Íbamos disfrazadas y puestas hasta las cejas. Primero bailamos como si ya nos estuviésemos riendo de todo esto y luego también lloramos.
Me abrazabas y yo sólo quería que no te acercases del todo; no te fueses a cortar con todo lo rota que estaba.
Y me abrazaste otra vez; igual de rota pero tan guapa como siempre. Y entendí que cuando los rotos se abrazan se forman mantas. Mantas en las que pasar un invierno o toda una vida.
Me dijiste; 'Tú dijiste que había personas que te hacían grandes. Y yo me siento orgullosa de lo que soy, porque tú te sientes orgullosa de mí.' y han pasado dos años y todavía no sé qué contestar a eso.
Has vomitado en todas las baldosas de mi casa y me has metido en todos los taxis que no supe parar.
Has sido freno cuando había un muro delante. Y has sido muro cuando necesitaba sostenerme.
Contigo me he reído tanto que a veces se me olvida lo llorado. Eres tan diferente al resto que salimos ganando.
Ojalá toda una vida en la que me sigas llevando la contraria y quitando tanto la razón, para que no me pese el equipaje a cuestas.
¿Me oyes? Toda una vida.
Irene X
http://mellamoirene.blogspot.com
diciembre 01, 2017
mayo 09, 2017
Otoño, 25
como una hoja por un viento fuerte,
buscando tu refugio,
tu aprobación, ser amada.
He sido tu mascota,
como un perro te he buscado
tantas veces lamí la mano
con la que me golpeabas,
hociqueé alrededor tuyo
en busca de migajas,
te cubrí las heridas de besos
aunque vos ni me mirabas.
Te seguí amando,
aunque me abandonaste en la calle,
en la oscuridad, sola,
sin un peso, sin dignidad, sin alma.
Y todavía te sueño,
persigo tu nombre como mi cola,
espero bajo la sombra
un indicio de tu llegada...
Pero ya basta.
Y qué mejor que citar
ahora mismo tus palabras:
"Mejor morir de pie,
que vivir arrodillada".
Sea.
De ahora en más,
aunque duela como infierno,
no vuelvo más a tu parada.
Viví como elegiste vivir.
Es tiempo de que esta hoja
se desprenda del árbol
al que se amarra.
Anna.
mayo 02, 2017
My garden
No podía hacer más que correr. Correr hasta que me reventaran los pulmones. Correr hasta que me muera, porque de nuevo soy yo la que te estoy viendo, mientras vos ni siquiera sabés que estoy ahí.
"Te llevo debajo de la piel".
En un músculo de esos que sólo sabés que existen cuando duelen el día después del gimnasio. En un agujero tapado con vidrio, por el que de noche te miro sin llegar nunca hasta vos.
¿Decisión o destino?
mayo 01, 2017
abril 29, 2017
¿Por qué se suicidan las ballenas?
¿Pero por qué se desorientan?
No está demostrado, pero podría ser que la mano del hombre tuviera una elevada influencia sobre ello. Una de las principales amenazas para los cetáceos parece estar relacionada con el incremento exponencial del tráfico marítimo en las últimas décadas: los ruidos de baja frecuencia producidos por grandes barcos y las altas frecuencias de pequeñas embarcaciones pueden tener grandes efectos sobre sensibles cetáceos. Más concretamente, el ruido de los aparatos de sonar de uso militar parece que afecta de una manera tan brutal a los cetáceos que estos pueden optar por subir a superficie a una velocidad excesiva. Esto provoca la aparición de burbujas en el torrente sanguíneo, por descompresión, y estas burbujas han sido detectadas en análisis forenses de estos animales.
Los delfines y las ballenas viven en un mundo acústico, y sus imágenes del mundo que les rodea son imágenes acústicas. El sufrimiento que les impulsa a salir del agua podría obedecer al deseo de escapar de una tortura acústica insufrible para ellos. Exactamente igual que el salto al vacío de una persona que se tira por la ventana de un edificio en llamas, cuando ya no puede aguantar en su cuerpo el calor recibido por la radiación infrarroja.
abril 27, 2017
Ya va a hacer un año desde que te fuiste. Dos años desde que dormiste con otra. Tres años desde que no estamos más juntos. Cuatro años desde el último de mis cumpleaños que celebramos juntos.
Parece, si uno tacha los días con negro, yo lo hago, voy tachando los días, y cuento el tiempo, uno, dos, tres años. Pero no. Yo sigo acá atrapada, con los diez mil pesos de premio en la mano, parada sobre el escenario, buscándote entre la gente y sin encontrarte, el tiempo congelado, ahí, para siempre.
abril 15, 2017
abril 14, 2017
marzo 31, 2017
Zombies
marzo 15, 2017
marzo 04, 2017
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran…
Gioconda Belli
Oración por un gato
Dios
Vos que hiciste el universo
Y pusiste cosas tan grandes como
Planetas
Y tan chicas como
Este gato
Quisiera saber si
La vida de un gato
Significa algo más
O quizá algo menos
Que mi propia vida.
Quisiera saber si
La muerte de un gato
Significa a este enorme universo
Algo más
O quizá algo menos
Que mi propia muerte.
Quizá
Aunque sólo quizá
Pueda entender de este gato
O de este universo
Cómo funcionan las cosas.
Quizá
Aunque sólo quizá
Si vive este gato
Pueda entender yo algo
De la vida
O de la muerte
O de nada en particular
Más que el valor diminuto
Del ronroneo de un gato
En la oscura inmensidad
Del universo.
febrero 28, 2017
febrero 25, 2017
un mucho inmenso, septentrional, completo,
feroz, de calma chicha,
al servicio menor de cada triunfo
y en la audaz servidumbre del fracaso.
Embriaguez te sobra, y no hay
tanta locura en la razón, como este
tu raciocinio muscular, y no hay
más racional error que tu experiencia.
Pero, hablando más claro
y pensándolo en oro, eres de acero,
a condición que no seas
tonto y rehuses
entusiasmarte por la muerte tánto
y por la vida, con tu sola tumba.
Necesario es que sepas
contener tu volumen sin correr, sin afligirte,
tu realidad molecular entera
y más allá, la marcha de tus vivas
y más acá, tus mueras legendarios.
Eres de acero, como dicen,
con tal que no tiembles y no vayas
a reventar, compadre
de mi cálculo, enfático ahijado
de mis sales luminosas!
Anda, no más; resuelve,
considera tu crisis, suma, sigue,
tájala, bájala, ájala;
el destino, las energías íntimas, los catorce
versículos del pan: ¡cuántos diplomas
y poderes, al borde fehaciente de tu arranque!
¡Cuánto detalle en síntesis, contigo!
¡Cuánta presión idéntica, a tus pies!
¡Cuánto rigor y cuánto patrocinio!
Es idiota
ese método de padecimiento,
esa luz modulada y virulenta,
si con sólo la calma haces señales
serias, características, fatales.
Vamos a ver, hombre;
cuéntame lo que me pasa,
que yo, aunque grite, estoy siempre a tus órdenes.
César Vallejo
febrero 22, 2017
Deep purple
Dejarte.................
Dejarte ir.................
Dejarte ir...................
Dejarte.......................
...................................
...................................
................................
..............................
............................
.....................
..............
..........
.......
.....
...
.
febrero 14, 2017
febrero 12, 2017
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.
Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.
R. Juarroz
febrero 10, 2017
febrero 09, 2017
febrero 06, 2017
enero 31, 2017
- ¿No extrañás tu cama? -me preguntó y miraba al techo de estrellas.
- ¿Cuál de todas? -le contesté queriendo hacer un chiste. Ella se encogió de hombros, como si la respuesta fuese obvia.
- Y no sé, tu cama. La cama en la que dormís todas las noches
- Ah -no se me ocurría cómo hacer un chiste esta vez-. Vos decís la cama que está en mi casa.
- ¿Cuál otra cama podría ser? -ahora la del chiste era ella.
- Es que me da igual -le dije y ahora dejó de mirar el cielo y se quedó mirándome-. Esa cama, esta cama, o cualquier cama.
- Qué suerte -de nuevo miraba las estrellas-, poder dormir en cualquier parte. Ya me gustaría a mi.
Ya no volvimos a hablar. Un rato después se dio la vuelta y se quedó dormida. Su respiración era a penas un soplido sordo sobre el pasto.
Yo me quedé mirándola un rato, pensando en esa cosa rara de las personas de ubicar las cosas en territorios, de esa necesidad de demarcar, de sentir que poseemos algo. "Tu cama", "la que está en tu casa". La que todas las mañanas vuelvo a armar después de deshacerla para no dormir todas las noches. Mi cama, me digo mientras la miro por última vez, mientras me doy la vuelta para el otro lado. Mi cama no es un dónde, es un quién.
Los grillos saltan como gotas de rocío entre los yuyos y de vez en cuando Mamá Gato salta de entre las sombras y atrapa uno para sus cachorros. Pienso que dormir es una cuestión de decisión, no de camas. Sino, me digo, podría contar grillos para siempre, y no dormirme nunca.
Anna.
enero 26, 2017
Che y ¿no sabés vos cómo se llega a Buenos Aires desde acá? No importa que esté lejos, es que quiero un abrazo tuyo, y te juro que me voy caminando hasta allá.
No, no estoy ebria, te juro que... Sí, ya sé que no puedo. No, el perro es de la calle. O capaz era un gato. O capaz era un tipo. La verdad es que no me acuerdo ya. Pero tu departamento sigue ahí, en el mismo lugar.
Anna.
https://www.youtube.com/watch?v=mIhI23gBBPQ
enero 18, 2017
enero 09, 2017
Cavar cada vez más hondo
"desenterrar un muerto"
ultrajar una tumba sacra
arrojar sus reliquias al viento.
Pero el error, ay, Pandora
es abrir la caja
si hubieses hecho caso
cuando te decían que dejaras
ir las sombras del pasado
debajo de la tierra,
bien abajo.
Y en cambio tenías que,
cruzar la calle,
caminar cuatro cuadras
gritar su nombre
sus cinco letras blancas
cambiar tu pelo,
tu cuerpo
tu nombre
tu cara
y después arrojarte a un pozo
como si ya no importara nada.
Pero y ¿dónde está tu libertad
maleva, bailarina, gata?
Si cruzarlo una calle
o dos o tres o cuatro
te vuelve a destruir
para no encontrar tu alma
que quedó ahí en su boca
que no alcanzaste en arma
quedó ahí tu vida
ay, destruirte para volver
siempre a la misma tonada,
maldita tumba abierta
de donde los muertos
se escapan.
Anna.
Wael Kfoury - Bhebak Ana Kteer
enero 01, 2017
diciembre 28, 2016
Una palabra
y al mismo tiempo lo esconde todo
igual que el viento que esconde el agua
como las flores que esconde el lodo.
Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.
Como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.
Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo.
Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo, lo seré todo
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo.
Porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo.
Carlos Varela
Carlos Varela - Una palabra ("Men on fire")
diciembre 25, 2016
diciembre 12, 2016
diciembre 01, 2016
Pero a lo mejor sí.
A lo mejor estás bien así
Pero a lo mejor no.
A lo mejor, como yo
te andan consolando otros besos
a lo mejor sólo promesas
de momento.
A lo mejor soy ilusa,
como siempre,
ya me conocés,
pero también es cierto
que conozco más que nadie
tu orgullo
y que quizá vengas
en algún momento oscuro
de la noche, quizá
escondiéndote de todos
escondiéndote de ella
como escondida yo te escribo
consolándome con cartas en botellas
con historias de novelas
con reencuentros en otras vidas
quizá, si te conozco,
quizá, hoy vengas.
Y aunque no pueda decir tu nombre
en estas cuatro paredes,
donde nos condenan,
me vas a escuchar gritando
con toda mi alma
en cada uno
de todos estos poemas.
Anna.
noviembre 27, 2016
noviembre 26, 2016
Ahi mi amor
Voy a negarlo siempre
incluso a Dios
que el pensamiento vuelve
vagando hacia vos,
que vuelve a buscarte
y a esos buenos recuerdos
agotándome de nuevo,
por malos y necios.
Y pienso a la noche
que aquí sola duermo
en vos ahí sabiendo
que aquí sola muero
¿quién sabe a qué brazos
hoy no habrás regresado?
Me repito ahora
no me has amado.
Me canta el corazón
eso no era amor.
Pero ay, mi amor
de esa, nuestra historia yo...
ay, mi amor,
no entiendo más nada.
Ay, mi amor,
esta duda quedará siempre
me preguntaré hasta la muerte
si me habrás amado
o tal vez no.
Me acuerdo en diciembre
de la nieve, la gente
y vos en el tráfico
tan lento, irritante
bloqueando la cuadra
apagaste el motor
para decirme ¿no ves
que yo muero de amor?
Las bocinas sonaban
como desquiciadas
y nosotros sin escucharlas
en otro mundo
nos besábamos.
Pero aquel Año Nuevo
me dejaste esperando
jugando quizá
algún otro engaño.
E insinúa el corazón
eso no era amor.
Pero ay, mi amor
de esa, nuestra historia yo...
ay, mi amor,
no entiendo más nada.
Ay, mi amor,
esta duda quedará siempre
me preguntaré hasta la muerte
si me habrás amado
o tal vez no.
Y después de muchos meses
en los que estuve mal
en los que no sabía
si dormir o rezar,
decían los doctores
"es que ella lo quiere"
hay un hilo tan fino
entre el corazón y la mente.
Una vez de repente
te vi cerca mío
entre la noche y el día
después de un largo camino.
Mas cuando quise
empezar a sonreir
giré la cabeza
y no estabas más ahí.
E insiste el corazón
esto no era amor.
Pero ay, mi amor
de esa, nuestra historia yo...
ay, mi amor,
no entiendo más nada.
Ay, mi amor,
esta duda quedará siempre
me preguntaré hasta la muerte
si me habrás amado
o tal vez no.
Mina
Adaptación de la letra al español por Anna.
Canción original: "Romance de Curro el Palmo" de Joan Manuel Serrat
noviembre 21, 2016
noviembre 16, 2016
Una carta de amor
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
noviembre 13, 2016
Nunca te gustó que yo te hablara así y cambiabas de tema o te agarrabas una rabieta y además siempre había otras cosas de qué hablar, como ser, las maldades del gobierno o lo caro que está todo y no hay plata que alcance.
Ahora yo no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que en los libros dice que se puede. Perdóname si tantas veces me anduve quejando por bobadas.
Un día me dijiste que yo tenía cara de mujer a la que siempre se vuelve y yo te espero ahora o cuando sea y donde sea y como sea. Quiero que sepas."
noviembre 12, 2016
noviembre 11, 2016
Pero decime desde cuándo se necesita tener alma para vivir,
si podemos arrancarnos las tripas y echarlas al viento,
usarlas de bandera para conquistar islas desiertas,
voy a seguir viva aunque por dentro me muera.
Hasta que cambie el viento,
hasta que cambie el viento.
Anna.
Ray LaMontagne - Be here now
noviembre 09, 2016
Hasta que tu mamá te diga que está bien.
Hasta que tu hermana, tu papá, tus primos y sobrinas
te digan que está bien.
Hasta que tu profesor de canto te diga que está bien.
O hasta que te empiecen a quedar chicos
sus disfraces -como los míos-,
o hasta que Buenos Aires empiece
a ajustarte en el dedo su anillo.
noviembre 07, 2016
como un precioso arlequín
ya no sé cuántas veces me han dicho
"no, Anna, no es así"
"él no te merece,
vos sos, tanto mejor
él la va a matar a ella
igual que te mató a vos".
Pero y ella, ahí sentada en tus piernas
parece tan feliz
acaso de verdad la quieras
como alguna vez me quisiste a mí.
Esto es lo que merezco
por dejarte ir.
Soy sólo un libro mal hecho
debería consumirme en llamas
y que me vuelvan a escribir.
En alguna dimensión alternativa
donde estamos también vos y yo
te cruzo por una calle en San Telmo
y ahí mismo, hacemos el amor.
Alguien nos escribe un tango
y no hay familia, ni amigos, ni adiós
sólamente Buenos Aires,
sus calles, vos y yo.
Ella sentada en tus piernas
es un precioso arlequín
ella apretando tu mano
mirá cómo está de feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
Tan feliz.
noviembre 05, 2016
noviembre 03, 2016
octubre 30, 2016
de no ser feliz con el mundo. Me
gustaba estar en desacuerdo con
todo. La gente enamorada a menudo
se ponía cortante. Perdían su sentido
de la perspectiva. Perdían su sentido
del humor. Se ponían nerviosos,
psicóticos, aburridos. Incluso se
convertían en asesinos.”
Charles Bukowski
octubre 24, 2016
Es lunes y se te está terminando el año, se te acaba la vida.
Es lunes, hay que recoger, de nuevo, una vez más, todos los pedazos tirados del fin de semana, de todos los fines de semana que fuiste dejando.
Es lunes y otra vez, hay que empezar de nuevo, construir de a poco, rearmarse, repetir jaculatorias, buscar autoconvencerse, volver a llorar lo llorado, volver a llamar, volver, una vez más.
Es lunes, falta todavía tantas materias, tantas escaleras, ¿para llegar a dónde?
Es lunes y hay que argumentar contra el espejo, de nuevo, como todas las semanas, tomar ese avión no tendría sentido, no me llevaría a ningún lugar, el año ya se acaba, como un precipicio, donde no sabés dónde vas a caer si saltás.
Es lunes, hay que soltar facebook, soltar su cara, con tantos likes, soltar el "en línea", como si fuera lunes de diez años atrás.
Es lunes. Hay que volver a la realidad. Hay que estudiar, hay que limpiar la casa, dar de comer a los gatos, ir al médico, mirar el armario y elegir taparse los pedazos con algo.
Es lunes y aunque el cuerpo se esté cayendo, de nuevo, hay que seguir viva un año más. Y quizás algún día, que no sea un lunes, amanezca menos rota, abrazada a un fantasma un poco más real.
Anna.
octubre 11, 2016
¿La mujer no tenía culpa de nada?
No lo creo, o mejor dicho, lo sé. La comparación anterior no era completa. Yo también estaba rodeado por un círculo de gente armada, cuyas lanzas apuntaban hacia el interior, es decir hacia mí.
Cuando intentaba ir hacia la mujer topaba primero con las lanzas de mi gente armada y no podía avanzar. Quizá nunca he llegado hasta el círculo armado de la mujer y si hubiera llegado lo habría hecho ya sangrando y sin conocimiento.
¿Se ha quedado sola la mujer?
No, otro ha podido penetrar hasta ella, fácilmente y sin impedimentos. Yo he mirado, agotado por todos mis esfuerzos, con indiferencia, como si fuese el aire a través del que sus rostros se rozaron en el primer beso.
Aforismos, visiones y sueños.
octubre 02, 2016
Un compañero de tragos (cuento completo)
—Sí —dije, bebí un trago, dejé el vaso.
Cuando volví a mirar, una joven negra se había traído su cerveza.
—Mira, amigo —dijo—, mira amigo...
—Hola —dije yo.
—Mira, amigo, no dejes que esa Flo te hunda, no la dejes que te hunda, amigo. Puedes superarlo.
—Ya sé que puedo superarlo. Aún no me he rendido.
—Bueno. Es que pareces triste, sabes. Pareces tan triste.
—Claro, lo estoy. La tenía muy dentro. Pero pasará. ¿Cerveza?
—Sí. Y pago yo.
Dormimos esa noche en mi casa, pero fue mi despedida de las mujeres... por catorce o dieciocho
meses. Si no andas a la caza, puedes conseguir esos períodos de descanso.
Así que después del trabajo, me dedicaba a beber solo todas las noches, en mi casa, y me quedaba lo suficiente para ir a las carreras el sábado y la vida era simple y no demasiado dolorosa. Quizá sin demasiada razón, pero apartarse del dolor era bastante razonable. Conocí muy pronto a Jeff. Aunque era más joven que yo, reconocí en él un modelo más joven de mí mismo.
—Tienes una resaca infernal, muchacho —le dije una mañana.
—Qué le vamos a hacer —dijo él—. Hay que olvidar.
—Quizá tengas razón —dije—. Es mejor la resaca que el manicomio.
Aquella noche fuimos a un bar cercano después del trabajo. El era como yo, no le preocupaba la comida, un hombre nunca pensaba en la comida. Y, en realidad, éramos dos de los hombres más fuertes del almacén, aunque nunca se llegara a hacer comprobaciones. La comida era simplemente algo aburrido.
Yo ya estaba harto de los bares por entonces: todos aquellos imbéciles chiflados esperando a que entrara una mujer y les llevara al país de las maravillas. Los dos grupos más detestables eran los que iban a las carreras de caballos y los de los bares, y me refiero básicamente a los varones de ambos grupos. Los perdedores que seguían perdiendo y no eran capaces de plantarse y afrontar el asunto. Y allí estabay o, en el medio mismo de ellos. Jeff me hacía más fáciles las cosas. Quiero decir con esto que el rollo era más nuevo para él y él animaba la fiesta, conseguía casi hacerla realista, como si estuviésemos haciendo algo significativo en vez de derrochar nuestros míseros salarios bebiendo o jugando, viviendo en habitaciones miserables, perdiendo empleos, encontrándolos, rechazados por las mujeres, siempre en el infierno e ignorándolo. Todo ese rollo.
—Quiero que conozcas a mi amigo Gramercy Edwards —dijo. —¿Gramercy Edwards? —Sí, Gram ha estado más dentro que fuera.
—¿Cárcel?
—Cárcel y manicomio.
—No está mal. Dile que baje.
—Voy a llamarle por teléfono. Vendrá, si no está demasiado borracho...
Gramercy Edwards vino como una hora después. Para entonces, yo ya me sentía más capaz de manejar las cosas, y esto fue bueno, pues allí llegaba Gramercy, cruzando la puerta: una auténtica víctima de reformatorios y cárceles. Parecía hacer rodar constantemente los ojos hacia atrás, hacia el interior de la cabeza, como si intentase mirar al interior de su cerebro para ver qué error había. Vestía con andrajos y de un bolsillo rasgado de sus pantalones salía una gran botella de vino. Apestaba y llevaba en los labios un cigarrillo liado. Jeff nos presentó. Gram sacó del bolsillo la botella de vino y me ofreció un trago. Bebí. Y allí estuvimos bebiendo hasta la hora de cerrar. Luego, bajamos por la calle hasta el hotel de Gramercy. En aquellos tiempos, antes de que se instalara la industria en la zona, había casas viejas que alquilaban habitaciones a los pobres, y en una de aquellas casas la propietaria tenía un bulldog al que dejaba suelto por la noche para que guardase su preciosa propiedad. Era un perro de lo más cabrón e hijoputa. Me había asustado más de una noche de borrachera hasta que aprendí qué lado de la calle era el suyo y qué lado el mío. Y elegí el lado que él no quería.
—Vale —dijo Jeff—. Vamos a agarrar a ese cabrón esta noche. Bueno, Gram, yo me encargo de
agarrarle. Pero cuando lo tenga agarrado, tendrás que rajarlo tú.
—Tú agárralo —dijo Gramercy—. Traje el corte. Está recién afilado.
Y hacia allá fuimos. Pronto oímos gruñidos y vimos acercarse a saltos al bulldog. Era muy hábil mordiendo pantorrillas. Un perro guardián magnífico. Venía saltando con mucho aplomo. Jeff esperó a que estuviese casi encima de nosotros y entonces se puso de lado y saltó por encima de él. El bulldog patinó, se movió rápidamente y Jeff le agarró cuando le pasaba por debajo. Le metió los brazos debajo de las patas delanteras y tiró hacia arriba. El bulldog pataleaba y lanzaba mordiscos desesperado, con la barriga al descubierto.
—Jejejejeje —decía Gramercy—. ¡Jejejeje!
Y metió el cuchillo y cortó un rectángulo. Luego lo dividió en cuatro partes.
—Jesús —dijo Jeff.
Había sangre por todas partes. Jeff dejó al perro. El perro no se movía.
—Jejejeje —-siguió Gramercy—. Ese hijoputa no volverá a molestar a nadie.
—Me dais asco —dije yo. Subí a mi habitación pensando en aquel pobre bulldog. Estuve enfadado con Jeff dos o tres días. Luego lo olvidé...
—Venga, vamos a echar otro trago.
Por supuesto, las noches de los sábados eran las mejores. Teníamos el domingo para superar la resaca. Casi siempre nos preparábamos otra para el día siguiente, pero por lo menos la mañana del domingo no tenías que estar en aquel almacén por un salario de esclavos en un trabajo que acabarías dejando o del que te echarían.
Aquella noche de sábado estábamos sentados en La Luz Verde y al final se nos despertó el hambre. Nos acercamos al Chino, que era un sitio bastante limpio y con cierta clase. Subimos por la escalera a la segunda planta y cogimos una mesa al fondo. Jeff estaba borracho y tiró una lámpara de mesa. Se rompió con mucho estrépito. Todo el mundo miraba. El camarero chino que estaba en otra mesa nos dirigió una mirada particularmente hostil.
—Tómeselo con calma —dijo Jeff—. Puede incluirlo en la cuenta. Lo pagaré.
Una mujer embarazada miraba fijamente a Jeff. Parecía muy contrariada por lo que Jeff había hecho. Yo no era capaz de entenderlo. No podía ver que fuese tan grave. El camarero no quería servirnos, o quería hacernos esperar, y aquella mujer embarazada seguía mirando. Era como si Jeff hubiese cometido el más odioso de los crímenes.
—¿Qué pasa, nena? ¿Necesitas un poquito de amor? Si quieres puedo entrar por la puerta trasera.
¿Te encuentras sola. cariño?
—Llamaré ahora mismo a mi marido. Está abajo, ha ido al servicio. Voy a llamarle. Ahora mismo,
le llamaré. ¡El le enseñará!
—¿Qué es lo que tiene? —preguntó Jeff—. ¿Una colección de sellos? ¿O mariposas debajo de un cristal?
—¡Voy a decírselo! ¡Ahora mismo! —dijo ella.
—No lo haga, señora, por favor —dije yo—. Necesita usted a su marido. No lo haga, señora, por favor.
—Claro que lo haré —dijo ella—. ¡Ahora mismo!
—¡Toma, te ayudaré a bajar!
—¡Dios del cielo, Jeff! Has tirado por la escalera de un puñetazo a una mujer embarazada. Eso es cobarde y estúpido. Puedes haber matado a dos personas. Eres un mal bicho, ¿qué diablos quieres demostrar?
—¡Calla o te arreo a ti también! —dijo Jeff.
Jeff estaba bestialmente borracho, allí plantado de pie en lo alto de la escalera, tambaleándose. Abajo se había reunido mucha gente alrededor de la mujer. Aún parecía viva y no parecía tener nada roto, pero yo no sabía del niño. Deseé que el niño estuviese perfectamente. Luego salió el marido del water y vio a su mujer. Le explicaron lo que había pasado y luego le señalaron a Jeff. Jeff se volvió y se dispuso a regresar a la mesa. El marido subió las escaleras como un tiro. Era alto, tan alto como Jeff e igual de joven. Yo no me sentía nada a gusto con Jeff, así que no le avisé. El marido le saltó a la espalda y le sujetó en una llave de estrangulamiento. Jeff se ahogaba y se le puso toda la cara roja, pero por debajo sonreía. Le encantaban las peleas. Consiguió poner una mano en la cabeza del tipo y luego maniobró con la otra y logró alzar el cuerpo del tipo y colocarlo paralelo al suelo. El marido aún le tenía cogido por el cuello cuando Jeff se aproximó a la boca de la escalera. Se plantó allí y luego simplemente se apartó al tipo del cuello, lo alzó en el aire y lo lanzó al espacio. El marido, cuando dejó de rodar, se quedó muy quieto. Yo empecé a pensar en la forma de salir de allí. Abajo había varios chinos dando vueltas. Cocineros, camareros, propietarios. Parecían comunicarse entre sí. Empezaron a subir por la escalera. Yo tenía media botella en el abrigo y me senté en la mesa a contemplar el espectáculo. Jeff se plantó al final de la escalera y fue echándoles abajo a puñetazos. Pero venían más y más. No sé de dónde saldrían todos aquellos chinos. La simple presión del número fue haciendo retroceder a Jeff de la escalera y, por último, se vio en el centro de la estancia derribándolos a puñetazos. En otra ocasión, yo habría ayudado a Jeff, pero entonces no podía dejar de pensar en aquel pobre perro y aquella pobre mujer embarazada y seguí allí sentado bebiendo de la botella y observando.
Por fin un par de ellos agarraron a Jeff por detrás, uno le agarró un brazo, otros dos el otro brazo, otro una pierna, el otro por el cuello. Era como una araña arrastrada por una masa de hormigas. Luego cayó al suelo y todos intentaban inmovilizarle. Como dije, era el hombre más fuerte que he visto en mi vida. Le tenían allí sujeto, pero no conseguían inmovilizarle del todo. De vez en cuando, salía volando un chino del montón, como lanzado por una fuerza invisible. Luego volvía a saltar encima. Jeff simplemente no se rendía. Y aunque le tenían allí sujeto, no podían hacer nada con él. Seguía luchando y los chinos parecían muy desconcertados y muy preocupados al ver que no se rendía.
Bebí otro trago, metí la botella en el abrigo, me levanté. Me acerqué allí.
—Si vosotros le sujetáis —dije— yo lo dejaré listo. Me matará por esto, pero no hay otra salida.
Me agaché y me senté en su pecho.
—¡Sujetadle! ¡Ahora sujetadle la cabeza! ¡No puedo atizarle si sigue moviéndose así! ¡Agarradle bien, coño! ¡Maldita sea, sois una docena! ¿Es que no vais a ser capaces de sujetar a un hombre? ¡Vamos, vamos, agarradle bien!
No eran capaces de inmovilizarle. Jeff seguía dando vueltas y debatiéndose. Parecía tener una fuerza inagotable. Renuncié, me senté otra vez en la mesa, eché otro trago. Debieron pasar otros cinco minutos.
Luego, de pronto, Jeff se quedó muy quieto. Dejó de moverse. Los chinos le observaban sin dejar de sujetarle. Empecé a oír un llanto. ¡Jeff estaba llorando! Tenía la cara cubierta de lágrimas. Toda la cara le brillaba como un lago. Luego gritó, muy quejumbrosamente, una palabra...
—¡MADRE!
Fue entonces cuando oí la sirena. Me levanté, pasé ante ellos y bajé la escalera. Cuando iba a la mitad, me crucé con la policía.
—¡Está allá arriba, agentes! ¡Deprisa!
Salí lentamente por la puerta principal. Luego, en la primera calleja, empecé a correr. Salí a la otra calle y cuando lo hacía pude oír las ambulancias que se acercaban. Me metí en mi habitación, cerré todas las cortinas y apagué la luz. Terminé la botella en la cama.
Jeff no fue a trabajar el lunes. Jeff no fue a trabajar el martes. Ni el miércoles. En fin, no volví a verle. No indagué en las cárceles. Poco después, me echaron por absentismo y me mudé a la zona oeste de la ciudad, donde encontré trabajo como mozo de almacén en Sears Roebuck. Los mozos de almacén de Sears Roebuck nunca tenían resaca y eran muy dóciles, y bastante flacuchos. Nada parecía alterarlos. Yo comía solo y hablaba muy poco con el resto.
No creo que Jeff fuese un ser humano excelente. Cometió muchos errores, errores brutales, pero
había sido interesante, bastante interesante. Supongo que ahora está cumpliendo condena o que le ha
matado alguien. Nunca encontraré otro compañero de trago como él. Todo el mundo está dormido y es sensato y correcto. Se necesita, de vez en cuando, un verdadero hijo de puta como él. Pero como dice la canción: ¿Dónde se han ido todos?





