julio 24, 2016

No, no es porque haya pasado nada.
No, no es porque de repente haga frío,
de hecho,
afuera ha salido el sol,
como hace muchos días que no sale.
No, no es que extrañe el pelo largo,
el maquillaje,
los anillos,
los tacos altos,
ni tampoco a esos amigos.
No son las horas muertas,
no es la lluvia,
no son los libros sin leer sobre la repisa.
No es porque todavía no me reciba,
ni porque esta casa
se me haga cada vez más chica.
No es porque extrañe el azúcar
que ando como una insomne
mendigándole al café una caricia.
No porque no haya con quién
compartir el vino y
no, definitivamente no es
porque haga frío.

Anna. 

julio 20, 2016

La reina mira impasible desde su silla de oro. Su mirada azul recorre las mascaradas. No baila. Han hecho la fiesta al aire libre, en un claro, en medio del bosque, como si fuesen elfos, o duendes, quizá intentaron hacerle honor. En el medio hay un fogón que alumbra las máscaras mientras los invitados giran y saltan al ritmo de la música. Fuera del claro está el bosque silencioso, algunas parejas besándose en la oscuridad.

Suena una melodía extraña. La reina sonríe apenas iluminada por el resplandor un poco alejado del fuego. Sus damas y caballeros la espían con disimulo. Piensan aliviados que se entretiene, y es cierto; aunque sus ojos están en realidad viendo un salón lleno de luces blancas. La melodía era la misma entonces.

Avy no la conoce. Es la primera vez que escucha semejante música y se desconcierta. Viste un vestido verde como las hojas en verano. Mira desde un costado las parejas que bailan y suspira. A lo lejos reconoce a algunos de sus amigos bebiendo alrededor de una mesa. Se ríen.
Adentro del salón hace calor y se quita la máscara. Alguien le ofrece una mano y ella acepta.  Su pareja tiene el pelo negro muy largo y un antifaz plateado. Le estrecha la cintura con firmeza. ¿Cómo se llama esta música? Le pregunta un poco cohibida por el calor de la cercanía. Por encima de su hombro espía a otras parejas.

- Es un vals –contesta el hombre con voz grave. A Avy le parece reconocer sus ojos negros, pero está dudando. Su corazón es un timbal.



- ¿Me concede esta pieza, majestad?
- No sabía que bailabas, Vandel.
- Los magos somos expertos en el arte del baile. Como en casi cualquier cosa.

La reina sonríe. Acepta la mano que le ofrecen. La gente les abre paso. Dónde estás, Avy, dice Vandel con un suave tono de reproche en la voz. La reina va vestida de blanco, y parece una luna esbelta en medio de la pista. Bailan. Él tiene una mano en su cintura. Ella balancea el vestido. Dan vueltas alrededor del fogón, la gente los aplaude. Los músicos alargan las notas.

Un vals, sigue diciendo Vandel. ¿Habías bailado un vals alguna vez? La reina asiente. Mira al mago y al mismo tiempo no lo mira. Sí, una vez, contesta y su voz parece venir de otro lado. Hace mucho tiempo. La luna ilumina la cara del mago como un antifaz plateado. La sonrisa de la reina es un pájaro viejo, como el tiempo.


Anna

julio 02, 2016

Fotografía

Shashin, 1924

Un hombre feo —es duro decirlo, pero ciertamente fue por su fealdad que se convirtió en poeta—, bien, este poeta me dijo lo siguiente:

"Odio las fotografías, y muy rara vez se me ocurre sacarme una. La única vez fue hace cuatro o cinco años con una muchacha, con motivo de nuestro compromiso. Me era muy querida. No creía que una mujer como ella volviera a aparecer en mi vida. Ahora aquellas fotografías son mi único recuerdo hermoso.
"El año pasado, una revista me pidió una foto. Corté mi parte de una fotografía en la que aparecía con mi prometida y su hermana, y la mandé a la revista. Hace poco un reportero vino a pedirme otra fotografía. Dudé por un momento. Pero al final recorté por la mitad una donde estábamos mi novia y yo, y se la entregué al reportero. Le pedí que me la devolviera, pero no creo que lo haga. De todos modos no tiene importancia.
"Dije que no tiene importancia, pero la verdad es que me sobresalté al ver la mitad de la foto donde mi prometida había quedado sola. ¿Era la misma muchacha? Déjeme contarle sobre ella. La muchacha de la foto era bella y encantadora. Tenía diecisiete años y estaba enamorada. Pero cuando miré la foto que tenía en mis manos —la fotografía de la muchacha separada de mí— me di cuenta de lo insulsa que era. Y hasta ese momento había sido la más bella fotografía que yo hubiese visto...
En un instante desperté de un largo sueño. Mi precioso tesoro se había desmoronado. Y entonces..."

El poeta bajó todavía más la voz.
"Si ve mi foto en el diario, ella también pensará lo mismo. Y se sentirá mortificada por haber amado a un hombre como yo. Bueno, ésa es la historia. Pero me pregunto, ¿y si el diario difundiera la foto de los dos juntos, tal como fue tomada, volvería ella a mí creyéndome un hombre espléndido?"


Yasunari Kawabata
Historias en la palma de la mano.

junio 28, 2016

Tu mano sobre mi mano, bajo mi mano, en mi mano, por y para mi mano. Tus dedos calientes dibujando círculos sobre el lago frío y blanco de mi piel, como patinadores sobre el hielo de mi mano, como artistas esculpiendo un mármol. El calor de tu mano que da vida, que da sentido, que da.


Anna.

junio 24, 2016

"Debería estar solo en el mundo. Sólo yo, Steiner, ningún otro ser vivo. Sin sol, sin cultura. Yo, desnudo en una roca alta. Sin tormenta, ni nieve, ni bancos, ni dinero, ni tiempo, ni aliento. Entonces, por lo menos, no tendría miedo."


El gran éxtasis del escultor de madera Steiner
Werner Herzog (1974)

junio 12, 2016

Ahora debo considerar cómo los sabios del futuro describirán esta histórica noche.

"Mucho tiempo después de que el sol se retirase a su lecho, oscureciendo las puertas y ventanas de la Mancha, don Quijote, con paso decidido y firme expresión en su rostro, veló armas en el patio de un magnífico castillo.

Oh, torpe fabulador de vacías vanaglorias. Esta, de todas las noches, es la menos venturosa para dar rienda suelta a la vanidad.

¡No! ¡Don Quijote, no!

Inhala un aliento de vida y considera cómo debes vivirla.

No pidas nada para ti sino para tu alma.

Ama, no lo que eres, sino aquello en lo que te puedes llegar a convertir.

No busques el placer, pues podrías caer en el infortunio de encontrarlo en demasía.

Mira siempre adelante; en los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño.

Sé cabal con los hombres, sé cortés con las mujeres.

Vive con la imagen de aquella que alienta y justifica tus proezas.

Vive por Dulcinea."

- ¿Por qué hacéis estas cosas?
- ¿Qué cosas?
- ¡Estas ridículas cosas que hacéis!
- Por añadirle una pizca de nobleza a este mundo.
- El mundo... el mundo es un estercolero, ¡y nosotros no somos sino gusanos que nos arrastramos por él!
- Mi señora sabe que hay algo más noble en su corazón.
- ¡Lo que hay en mi corazón hará que me gane la mitad del infierno! Y a vos, señor "don Quijote", os van a moler a palos.
- Ganar o perder poco me importa.
- ¿Qué os importa?
- Seguir un ideal.
- *escupe*...por vuestro ideal.

- Qué significa... ¿qué es un ideal?
- Es la misión del verdadero caballero. Su deber... no, no. Su deber, no: su privilegio.


Escena de la obra "El hombre de la mancha" (Dale Wasserman)
Basada en el libro "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes Saavedra.

José Sacristán - El sueño imposible
Elvis Presley - The impossible dream

junio 08, 2016

Laberinto

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
Y el alcázar abarca el universo
Y no tiene ni anverso ni reverso
Ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
Que tercamente se bifurca en otro,
Que tercamente se bifurca en otro,
Tendrá fin. Es de hierro tu destino
Como tu juez. No aguardes la embestida
Del toro que es un hombre y cuya extraña
Forma plural da horror a la maraña
De interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
En el negro crepúsculo la fiera.


Jorge Luis Borges

mayo 30, 2016

"Io ti voglio bene
come nella mia vita
non è accaduto mai,
così profondamente,
che ho paura di me,
di questo smisurato amore
che adesso provo per te.

Io ti desidero,
un desiderio nuovo che mi tormenta.
Talvolta mi domando com'è possibile
che mi debba addormentare,
mi debba risvegliare, andare e ritornare
e avere te, sempre davanti a me,
negli occhi miei, nei miei pensieri,
in ogni istante della mia vita.

Io ho bisogno di te
come la barca ha bisogno del mare per poter andare,
la primavera ha bisogno del sole per poter fiorire,
la farfalla di un fiore,
un bimbo di una mano che l'accompagni,
un cane di un padrone
e del vento l'aquilone per poter volare,
ed io di te, sempre vicino a me
in ogni istante della mia vita."






"Come hai fatto"
Domenico Modugno

mayo 26, 2016

31 de noviembre de 1949

Doris,

[...]
Yo estoy haciéndote un llamado a la piedad. Tú sabes que no tengo orgullo, pero ese papel a la lástima no es cosa de mi uso, Doris Dana.
Tal vez el caso tuyo actual sea el de que el amor que me diste ha pasado a otro y es a estas horas la dicha de otro.
Yo prefiero saberte feliz y plena a saberte sola y vacía. Tú mereces la felicidad como pocos seres y tú no debes crear en el dolor como yo sino en la dicha, que también es creadora, Doris Dana.
Me duele no conocer a ninguna amiga tuya que pudiese decirme cómo estás, cuál es tu salud y qué trabajo haces.
Y no hay nadie, nadie, de las gentes de aquí que pueda recibir tus noticias y dármelas.
Pero, así y todo, te pido no escribirme. Déjame curarme, déjame reaprender mi pobre vida de antes.
Y no me hagas la ofensa gratuita de atribuir todo esto a la presencia de Emma Godoy aquí. Te lo repito por última vez: yo no soy la bestia de mera calentura física que tú has visto en mí.
Doris Dana: yo he pagado mi culpa. Mi culpa fue forzarte al amor, llevarte a él sin que hubiese una sola chispa en ti de amor.
Esto es lo que he pagado. Tú nunca habrías hecho lo que yo hice por tenerte. Pero eso no fue hecho por otra cosa, fue un amor violento de alma y cuerpo.

Gabriela

Gabriela Mistral
Niña errante

mayo 20, 2016

Donde estaba ella ocurría el verano

Mira la lapicera entre los dedos, la necesidad de escribir algo, el papel en blanco, la impotencia de escribir algo, el capuchón de la lapicera mordisqueado por alguien que se llamaba Lucía. (La lluvia sonaba como un trote contínuo de caballos y hacían el amor hasta que los recogían con un cucharón y después les dolían los huesos por tres días. Lucía esperaba, apoyada en el tronco de una acacia, con medias marrones hasta las rodillas, medias de chiquilina de liceo, y un collar de piolines de colores anudados para acordarse de las cosas. Lucía se alejaba, corriendo, en la neblina. Lucía se disculpaba: “Yo no lloro nunca. Por deshidratada. Porque nunca tomo agua”.)

Este hombre desliza la lengua por detrás de sus dientes resecos y piensa en aquel estado de gracia con Lucía, más contagioso que cualquier enfermedad, y en aquella secreta manera de conocer los acontecimientos todavía no acontecidos: aquella capacidad que tenían para recordar de antemano las horas y los días que les iban a venir, cuando estaban juntos y eran invencibles.

Eduardo Galeano
Vagamundo y otros relatos

abril 23, 2016

A la Maga y a mí nos ocurre a veces profanar nuestros recuerdos. Depende de tan poco, el malhumor de una tarde, la angustia de lo que puede ocurrir si empezamos a mirarnos en los ojos. Poco a poco, al azar de un diálogo que es como un trapo en jirones, empezamos a acordarnos. Dos mundos distantes, ajenos, casi siempre inconciliables, entran en nuestras palabras, y como de común acuerdo nace la burla. Suelo empezar yo, acordándome con desprecio de mi antiguo culto ciego a los amigos, de lealtades mal entendidas y peor pagadas, de estandartes llevados con una humilde obstinación a las ferias políticas, a las palestras intelectuales, a los amores fervorosos. Me río de una honradez sospechosa que tantas veces sirvió para la desgracia propia o ajena, mientras por debajo las traiciones y las deshonestidades tejían sus telas de araña sin que pudiera impedirlo, simplemente consintiendo que otros, delante de mí, fueran traidores o deshonestos sin que yo hiciera nada por impedirlo, doblemente culpable. Me burlo de mis tíos de acrisolada decencia, metidos en la mierda hasta el pescuezo donde todavía brilla el cuello duro inmaculado. Se caerían de espaldas si supieran que están nadando en plena bosta, convencidos el uno en Tucumán, y el otro en Nueve de Julio de que son un dechado de argentinidad acrisolada (son las palabras que usan). Y sin embargo tengo buenos recuerdos de ellos. Y sin embargo pisoteo esos recuerdos en los días en que la Maga y yo tenemos la mufa de París y queremos hacernos daño.

Cuando la Maga deja de reírse para preguntarme por qué digo esas cosas de mis dos tíos, me gustaría que estuvieran allí, escuchando detrás de la puerta como el viejo del quinto piso. Preparo con cuidado la explicación, porque no quiero ser injusto ni exagerado. Quiero también que le sirva para algo a la Maga, que jamás ha sido capaz de entender las cuestiones morales (como Etienne, pero de una manera menos egoísta; simplemente porque sólo cree en la responsabilidad en presente, en el momento mismo en que hay que ser bueno, o noble; en el fondo, por razones tan hedónicas y egoístas como las de Etienne).

Entonces le explico que mis dos honradísimos tíos son dos argentinos perfectos como se entendía en 1915, época cenital de sus vidas entre agropecuarias y oficinescas. Cuando se habla de esos "criollos de otros tiempos", se habla de antisemitas, de xenófobos, de burgueses arraigados a una nostalgia de la estanzuela con chinitas cebando mate por diez pesos mensuales, con sentimientos patrios del más puro azul y blanco, gran respeto por todo lo militar y expedición al desierto, con camisas de plancha por docenas aunque no alcance el sueldo para pagarle a fin de mes a ese ser abyecto que toda la familia llama "el ruso" y a quien se trata a gritos, amenazas, y en el mejor de los casos con frases de perdonavidas. Cuando la Maga empieza a compartir esta visión (de lo que personalmente no ha tenido jamás la menor idea) me apresuro a demostrarle que dentro de ese cuadro general mis dos tíos y sus respectivas familias son gentes llenas de excelentes cualidades. Abnegados padres e hijos, ciudadanos que concurren a los comicios y leen los diarios más ponderados, funcionarios diligentes y muy queridos por sus jefes y compañeros, gente capaz de velar noches enteras al lado de un enfermo, o hacer una gauchada a cualquiera. La Maga me mira perpleja, temiendo que me burle de ella. Tengo que insistir, explicarle porque quiero tanto a mis tíos, por qué sólo a veces, cuando estamos hartos de las calles o del tiempo, me ocurre sacarles los trapos a la sombra y pisotear los recuerdos que todavía me quedan de ellos. Entonces la Maga se anima un poco y empieza a hablarme mal de su madre, a la que quiere y detesta en proporciones dependientes del momento. A veces me aterra cómo puede volver a referirse a un episodio de infancia que otras veces me ha contado riéndose como si fuera muy gracioso, y que de golpe es un nudo siniestro, una especie de pantano de sanguijuelas y garrapatas que se persiguen y se chupan. En esos momentos la cara de la Maga se parece a la de un zorro, se le afinan las aletas de la nariz, palidece, habla entrecortadamente, retorciéndose las manos y jadeando, y como de un globo de chewing-gum enorme y obsceno empieza a asomar la cara fofa de la madre, el cuerpo mal vestido de la madre, la calle suburbana donde la madre se ha quedado como una escupidera vieja en un baldío, la miseria donde la madre es una mano que pasa un trapo grasiento por las cacerolas. Lo malo es que la Maga no puede seguir mucho rato, en seguida se larga a llorar, esconde la cara contra mí, se acongoja a un punto increíble, hay que preparar té, olvidarse de todo, irse por ahí o hacer el amor, sin los tíos ni la madre hacer el amor, casi siempre eso o dormir, pero casi siempre eso.

Julio Cortázar
Rayuela - capítulo 138

abril 22, 2016

¿Qué voy a hacer, vida?
De los ojos que me miran
ninguno me tienta el corazón
soy un ave a la deriva
sin nido, sin alas, sin amor
cuando él me toma en sus brazos
algo me estruja el interior
me quiere llenar de soles
y yo un fénix no soy
me han disparado en el centro
y el maldito cazador
ya no vuelve, no vuelve nunca
ay, cómo le explico, vida
que no hay para mí resurrección.

Anna.


abril 20, 2016



"Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado."

Julio Cortázar
Rayuela - Capítulo 93

abril 17, 2016

Cuando estés solo, volvé aquí.

Cuando estés enfermo y solo,
y cuando no haya ningún amigo
que te quiera seguir escuchando
hablar siempre de lo mismo,

volvé aquí.

Y si te vas muy lejos
y todavía no encontrás tu casa
si no está tu alma
entre los edificios grises
entre esos otros brazos
entonces, volvé aquí.

Volvé a estos versos,
mal hechos, sin rimas,
volvé a todo esto que escribí,
volvé a ese rincón con ventana,
volvé el tiempo
volvé aquí.

Volvé a mí.

Anna.

abril 13, 2016

Love

Love
It seems like only yesterday
You were just a child at play
Now you're all grown up inside of me
Oh, how fast those moments flee
Once we watched a lazy world go by
Now the days seem to fly
Life is brief, but when it's gone
Love goes on and on
Love will live
Love will last
Love goes on and on and on
Once we watched a lazy world go by
Now the days seem to fly
Life is brief, but when it's gone
Love goes on and on




Robin Hood (1973)
Nancy Adams (singer)
Written by Floyd Huddleston and George Bruns

abril 08, 2016

Un sol

Mi corazón es como un dios sin lengua,
mudo se está a la espera del milagro,
he amado mucho, todo amor fue magro,
que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
pero yo espero algún amor-natura
capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
y me haga brotar ramas sensitivas,
soy una selva de raíces vivas,
sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
de cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.


Alfonsina Storni

abril 05, 2016

Morir de otoño o primavera, apenas
doblar la frente, mientras en lo oscuro
una germinación salva y sostiene
la mentira incesante de la vida…
¡Poco quiero indecisos equinoccios,
pérfida primavera dilatoria!
Morir de pie, mordiendo la naranja
henchida de estío, o en los dientes
la nieve de la sidra, y asumirlas.
¡Marzo fluvial, olvídame en tu paso!
Yo no quiero morir de lluvia y hojas
con altos torbellinos, entre cierzos.
Más bien de amor por el verano izándose
sobre su acre premura acariciante;
o sin sangre, absorbido por la noche
de una fría columna enlunecida,
solo y sin voz, apenas una pausa
en la perfecta vanidad del cielo.

Julio Cortázar

marzo 17, 2016

marzo 08, 2016

Mujeres

decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito
debía tener unas 12397 mujeres en su mujer /
era difícil saber con quién trataba uno
en ese pueblo de mujeres / ejemplo:

yacíamos en un lecho de amor /
ella era un alba de algas fosforescentes /
cuando la fui a abrazar
se convirtió en singapur llena de perros que aullaban /
          recuerdo
cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir /
parecía una constelación en la tierra /
parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra /
esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha /

como el sol que se ponía en su voz  /
en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa
          mujer menos uno /
y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico /
tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorables
a la dictadura militar / o sea

nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer /
yo estaba ligeramente desconcertado / una noche
le golpié el hombro para ver con quién era
y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces

esa mujer era la banda municipal de mi pueblo
tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba
           a desafinar /
y los demás desafinaban con él /
esa mujer tenía la memoria desafinada /

usté podía amarla hasta el delirio /
hacerle crecer días del sexo tembloroso /
hacerla volar como pajarito de sábana /
al día siguiente se despertaba hablando de malevíc /

la memoria le andaba como un reloj con rabia /
a las tres de la tarde se acordaba del mulo
que le pateó la infancia una noche del ser /
ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal /

la devoraron todos los fantasmas que pudo
alimentar con sus miles de mujeres  /
y era una banda municipal desafinada
yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo /

yo / compañeros / una noche como ésta que
nos empapan los rostros que a lo mejor morimos /
monté en el camellito que esperaba en sus ojos
y me fui de las costas tibias de esa mujer /

callado como un niño bajo los gordos buitres
que me comen de todo / menos el pensamiento
de cuando ella se unía como un ramo
de dulzura y lo tiraba en la tarde /

Juan Gelman

marzo 01, 2016

La muerte es provisoria, pero la vida está definitivamente aquí,
aunque todo indique lo contrario:
en el gusto que el café deja en la boca,
en la brasa que se consume sobre el cenicero,
en el rugido de los automóviles, más allá de la ventana,
y también en la memoria que gira en sentido contrario a las agujas del reloj,
/contradice a las aves migratorias, sube escalera abajo/
y se salva de la destrucción.
Pero el misterio es éste: lo que se rompe tiende a recomponerse,
lo disperso a juntarse
y a unirse lo que nunca ha tenido relación.
No se trata ya de la unidad,
sino de quién pega los pedazos:
como está la cicatriz en el centro de la herida,
el remiendo en el secreto de la tela,
o el sentido de este café, que no está en ninguna mesa
/sino en el camarero que, al desplazarse, integra.
El misterio de la dispersión
consiste en que no hay dispersión:
cada uno, aún a su pesar, termina estando en su sitio.


Santiago Sylvester
Café Bretaña

febrero 25, 2016

"Todo fue una equivocación; yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema."

Jaime Gil de Biedma

febrero 23, 2016

Se cae el cielo y no hay
un rincón dónde meterme
como un gato asustado estoy
evitando los truenos verdes
en esta oscuridad húmeda.

Anna.


febrero 16, 2016

Conejito pequeño
apenas conejito
una manchita rosa
puro hociquito negro

no tenés todavía
una semana entera
pero es tan difícil la vida
para un apenas conejo

ay, conejito
si pudiera con mis palabras
regalarte esos saltos
altos hacia el cielo, altos

pero es más cruel el tiempo
para un conejo pequeño
que todavía no aprende
a saltar.


Anna.

febrero 12, 2016

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


Mario Benedetti

febrero 07, 2016

A veces llueve y te quiero. 
A veces sale el sol y te quiero. 
La cárcel es a veces. 
Siempre te quiero.


Eduardo Galeano

febrero 02, 2016

Podría decirte
sí, me voy a casar;

vos me contestarías
algo así como que
no voy a ser feliz
y quizá tengas razón,

yo te contestaría
algo así como que
la felicidad no existe
y sabrías que yo
también tengo razón.

Y la discusión
seguiría
así como todas
nuestras discusiones.

Pero qué sentido tiene
decirte nada ahora
que voy a casarme
y la felicidad
ya no existe.

Anna.

enero 28, 2016

Los amantes

Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.
La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.


Juan Rodolfo Wilcock

enero 16, 2016

desposeída de tí
no tengo alas
me habita la oquedad
del desamparo
soy una máscara
lavada por la lluvia
una lámpara gastada
una lámpara imposible
una mariposa oscura

sometida a orfandad
desespero de tí
Diego mi niño
me ha vencido
el silencio
desguarnecida
nada me protege

¿dónde la casa azul?
¿dónde el jardín?
¿dónde el naranjo de aquel día?

estoy cansada
hueca
la sangre desborda
por el marco
se agita el viento
de la locura
sin tí soy esta herida
que no cesa de manar

el universo estalla
se deshace
¿dónde tus manos Diego?
¿dónde tu fuego dentro de mi carne?
¿dónde el refugio de tu cuerpo?

Nélida Cañas

enero 14, 2016

Se habrán encontrado en la calle, o quizá se habrían hablado. Ella tenía unos libros suyos, habría querido devolvérselos. Habrían quedado en un lugar, habría llegado tarde. Quizá habría olvidado los libros. Habría usado un vestido corto. "Acompañame a mi casa a buscarlos", o algo así, le habría dicho. Él habría mirado su boca toda roja y habría dicho que sí. Habrán subido las escaleras lenta, nerviosamente. Ella habrá puesto la llave, prendido una luz adentro. El departamento siempre estaba desordenado. Esa noche no debía haber nadie en el mundo. Él se habría quedado parado en la puerta, a lo mejor pensando, con la mochila puesta. Ella habrá sacado alguna botella barata de la heladera. Fuera uno a saber dónde habrán estado esos libros que le prestó. Entre el segundo vaso y el primer beso ya se habrían olvidado. El olor del pelo de ella mientras le iba desprendiendo el pantalón lo habrá convencido. Se habrán acariciado sobre el desorden, le habrá levantado el vestido. Ella habrá puesto su mano sobre su sexo. Le habrá peinado los rulos negros con manos ansiosas antes de dejarse llevar. Después quizá hasta habrá gritado, pero no muy fuerte, para que no escuchen los vecinos. Él habrá apretado su boca contra su labios, su pecho contra los de ella. Habrán rodado por el suelo hasta el cuarto. Habrán transpirado las sábanas para que les quede el recuerdo al día siguiente cuando cada uno siga con su vida. Él se habrá llevado los libros y ella le habrá dado las gracias. Le habrá pedido disculpas por la demora. Ninguno de los dos habría dicho nada sobre la otra, y se habrían despedido en el umbral del edificio como si nada hubiese pasado. Unos días después ella habrá pensado en llamarlo, y él no habrá contestado.

O sí.

Quién sabe.


Anna.
Keith Urban - You'll think of me (live ver)

enero 09, 2016

"Understand me. I’m not like an ordinary world. I have my madness, I live in another dimension and I do not have time for things that have no soul."

Charles Bukowski



diciembre 08, 2015

noviembre 30, 2015

No es que muera de amor

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines

noviembre 29, 2015

Reina sin pueblo




Nieve de más, mundo de más
para este corto amor.
Cortos amores en viajes al futuro.
Dónde estaré, dónde estarás
Cuando llegue el invierno,
Del otro lado del mapa, en tu país
Del otro lado del mapa, en tu país.

Demasiado cielo para esta tierra
Demasiada tierra para los hombres,
demasiados hombres para la reina
reina sin pueblo.

Viento glaciar,labios de mar,
quebrados e indecisos,
ojos de vidrio hablando sin idioma.
Dónde estaré, dónde estarás,
Cuando llegue el invierno,
Del otro lado del mapa, en tu país
Del otro lado del mapa, en tu país.

Demasiado cielo para esta tierra
Demasiada tierra para los hombres,
demasiados hombres para la reina
reina sin pueblo.

Silvina Garré

noviembre 25, 2015

Llueve. El delantal está mojado. Y las medias. Los zapatos no, porque te los sacaste, caminaste todo el camino hasta acá (desde que empezó a llover) sin zapatos. No era por un adolescente deseo de saltar en los charcos, de sentir la lluvia en los dedos. En realidad te molestó bastante mojarte, pero es tu único par de zapatos, y con esta lluvia el falso cuero podría desarmarse en un instante. Y entonces ¿con qué ibas a ir al colegio mañana? Tu mamá te hubiese mandado de zapatillas, sin entender que hay una profesora que pone notas por el uniforme, o que las zapatillas blancas con medias azules no combinan, o que qué vergüenza estar de zapatillas en medio de todas las otras chicas con zapatos.
No importa mucho ahora, los zapatos están secos. Igual que todos tus libros, que cuidaste del agua abrazando la mochila como a un tesoro. Tampoco nadie entendería por qué son tan valiosas todas esas carpetas, en las que pusiste tanto amor. Sí, amor. Hay amor en la tinta azul con la que escribiste el número en cada hoja, y en el subrayado rosa de cada título. Un amor que nadie podría entender jamás, y que necesita ser protegido de la lluvia.

Necesitás llegar rápido y ponerte a estudiar. El olor de las hojas rivadavia tiene algo que te tranquiliza y te ata a la tierra. Solamente ahí, entre todas esas letras sabés encontrarte a vos misma. Mientras colgás el delantal empapado sobre la bañera, se te cruza preguntarte a dónde habrán ido los otros. Por un instante mirás la sombra que se refleja en el espejo del baño y te parece entender, casi con la dolorosa claridad de tus apuntes del colegio. Vos sí podés entender esas cosas. No como ellos, que no entienden por qué te mojabas el pelo pero protegías las carpetas, o por qué tenías que volver en lugar de ir con ellos. Pero vos tenías que volver. Tenías que llegar, y sacarte la ropa, y mirarte al espejo y abrazarte las rodillas blancas y rechonchas y llorar un poco. Sí, tenías que volver y llorar sobre esos  mismos libros que venías protegiendo de la lluvia, tenías que ver la tinta correrse de la misma mano de la que con tanto amor antes las había dibujado. Tenías que volver, porque vos sí entendés que ellos se hayan ido juntos y te hayan dejado, manchita celeste de delantal sin paraguas en el umbral gris del colegio. Vos los entendés, aunque ellos no entiendan ni vayan a entender nunca por qué vos preferías mojarte las medias.



Anna.

noviembre 23, 2015

Salir con chicas que no leen/Salir con chicas que leen

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Charles Warnke

noviembre 22, 2015

¿Cómo puede ser que sepa dónde estás? ¿Que sepa con quién estás y lo que vas a hacer esta noche? ¿Y que yo sea nada más que una constelación lejana en tu mapa y sepa, y ese saber me esté gastando, gastando como a las piedras? Un corazón aplastado, mil y un veces aplastado, por ese río tuyo, que me va erosionando. ¿Nunca sentiste que hacía falta mantener todos los músculos tensionados, porque si aflojabas medio segundo podría ser que estallaces en mil pedazos? Yo sé lo que pensás de mí, lo que ellos piensan. Pero qué importa. Ya nunca quiero volver a escuchar mi nombre con esas voces. Por esa manía de juzgarme me ha quedado la costumbre enraizada. A veces no escucho cuando me llaman, como si no fuera yo. Algún cable está desconectado del mundo.

Pero está él, todo él, que es tan, tan necesario, todo, todo él, en un cielo chiquito pero cercano, al que vos no vas a llegar. Para ir a la luna se necesitan compartimentos de a dos y vos no sabés construirlos. Y aunque mis noches sean de un insomnio blanco, aunque ya no existe el sueño de la familia con la casa, el perro, los gatos, aunque no sepa qué hacer conmigo ni con el mundo y quiera morirme de a ratos, escarvo amor con palillos, y sigo viva, dividida, hecha mil pedazos.

Decime, ¿por qué iría a buscarte, un día que no es el día, por qué destruiría lo poco que me queda en la vida, para morirme en tu sombra, después, con tu partida? ¿Le vas a dejar a este, mi árbol de Navidad viejo y deshojado, mi media sola agujereada -sobre una chimenea apagada-, nuevos besos ausentes, nuevas despedidas, nuevos lazos nunca unidos, nuevos desvelos, nuevos suicidios?



Anna

noviembre 21, 2015

Cielorojo no es parecida a Avy. Es sacerdote como Avy. Es rubia como Avy. Pero no es parecida. El pelo de Cielorojo es amarillo oscuro, amarillo sol de ocaso. El pelo de Avy es amarillo casi blanco, como los primeros rayos del sol cuando amanece. Avy no susurra la magia como Cielorojo, recitándola como un secreto, pintándose los labios con su poder sombrío. Cuando Cielorojo conjura, los árboles tiemblan como si soplara viento, la tierra tiembla, los hombres. Cuando Cielorojo hace el amor es como una tormenta, muerde en los lugares sensibles, clava las uñas hasta dejar su huella. El cuerpo blanco de Cielorojo es como el fondo del mar, irresistible y peligroso, hermoso y oscuro. Krygon lo recorre con sus manos ásperas de espadas y escudos, dejándose ahogar por momentos en sus aguas turbias. Los ojos violeta de Cielorojo le recuerdan los ojos de los dragones del tiempo.
La magia de Cielorojo es violeta, como sus ojos.

Sentado en la cama, Krygon la mira dormir; todavía desde la inconsciencia del sueño, Cielorojo es Cielorojo. No hace tanto calor, pero duerme destapada, sus pechos insolentes apuntando al cielo nocturno, su melena rubia esparcida como un charco dorado por la almohada. Krygon le pasa el dedo índice por su frente pálida, por la nariz, y se levanta antes de llegar a su boca, a los labios violetas de Cielorojo que suspira en sueños.

Hace días que no puede dormir y no sabe por qué. Aunque no hay nadie más que ellos en la casa, se viste para salir a la salita, cruzar la salita y encontrar la bota con agua sobre la mesa junto a la cena a medio comer, junto a los platos sucios con la cena de varios días atrás. Por la ventana entra la luz de la luna, que se ve gorda y clara sobre la torre del bastión de Dalaran, y Krygon toma largos sorbos de agua que se le escurren por el mentón y luego por el pecho, sin mirarla. La puerta de la habitación del otro lado de la salita permanece cerrada. Aunque Cielorojo ha insistido, no ha podido volverla a abrir. Sabe que no hay nadie, que ya no hay nadie, ni lo habrá, pero igual no puede acercarse y abrirla, simplemente abrirla y no encontrar. No encontrar nada. Prefiere dejarla cerrada e imaginar una cascada de pelo color amanecer bañando las sábanas de colores, como la vio tantas otras noches con una luna igual.

noviembre 19, 2015

"Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza, y el único perdón."

Jorge Luis Borges

noviembre 18, 2015

Te odio.
Odio todo lo que me dijiste,
cada una de tus palabras,
el sonido acompasado de tu voz
diciéndome
"no me voy,
si no venís conmigo
no me voy".
Odio tus pestañas
y tus cejas
y tus lunares
y tus hombros
odio hasta tu maldito ombligo
donde estaba guardado el universo.
Odio tu estúpida sonrisa
en todas las fotos
donde salís sin barba
y el pelo corto
con tiradores
a lo Frank Sinatra.
Odio cada infeliz verano
odio Córdoba y
te odio por no venir
te odio por prometerme
te odio por no cumplir
te odio por irte y
te odio por quererme
tan desprendidamente
tan orgullosamente
tan lejanamente.
Te odio,
te odio,
te odio.


Anna.

noviembre 16, 2015

¿Cómo junto todos estos pedazos? No me dejes. Tenés que quedarte conmigo porque sólo vos sabés si creo en algo a veces. Tenés que quedarte para decirme si está bien o si está mal o si no es asunto mío. Tenés que quedarte para decirme quién soy, para que no lo olvide, para que no me lleve un rayo hacia el centro de la tierra. No podés irte porque sólo vos sabés si quiero seguir viviendo. No me dejes.

Aunque todo sea incierto, pedime que salte (yo cambio la música por oír tu voz), pedime que salte en la oscuridad pero no me dejes.
No me dejes.


José Sbarra
Los pro y los contra de hacer dedo
Jimmy Fontana - Il mondo

noviembre 15, 2015

"Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe."

Jacques Alain Miller

noviembre 12, 2015

La noche

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano

noviembre 11, 2015

"Cuando alguien te ama, la forma en la que dice tu nombre es diferente. Sabes que tu nombre está a salvo en su boca."

Anónimo.

noviembre 08, 2015

Palabras puente sobre este agujero.
Palabras paracaídas sobre este vacío.
Palabras que lluevan sobre estos campos míos,
tan secos, tan secos.
Palabras sangre para estas venas sin consuelo,
palabras música para este, mi valle con eco.
¿Dónde estuviste cuando se araron los campos?
¿Vas a llenar con palabras las zanjas de ambos?

Anna.

noviembre 07, 2015

No dejes que te impresionen las estrellas
que quizá estén todas muertas.
No te dejes corroer por las canciones añejas
Duerme y nada más.
Esta noche, duerme
Mañana una muchedumbre de arcoíris
con lo que haya quedado vivo, ya conoces el mecanismo
te fabricarán una sonrisa nueva.

Ahora duerme y nada más,
esta noche, duerme.
No te castigues con la luna,
ese transatlántico indiferente,
este silencio pasará
volverán las palabras como pájaros,
como veranos, como soles
volverán las palabras
y alguien dirá tu nombre.

Esta noche, duerme,
echa el ancla y duerme,
duerme.
Que por unas horas oscuras nada te hiera.
No llores, no implores, respira y duerme
concéntrate en la respiración
y acaríciate un hombro,
amate un poco y duerme
esta noche duerme.

Mañana tendrás la oportunidad,
flamante y renovada de volverte a equivocar.


Del mal amor
José Sbarra

noviembre 06, 2015

Viernes

En este momento estás leyendo. El colectivo va lleno, pero de suerte vos estás sentado, lo que de alguna manera te recuerda que te subiste hace muchas paradas, cuando el colectivo iba todavía vacío, aunque todavía te faltan muchas paradas más. No te molesta realmente; siempre has disfrutado el tiempo muerto de los viajes, con el alivio del escape a la obligación, al apuro. El libro que vas leyendo tiene más de quinientas páginas y te dejás consumir la concentración con un deleite perverso. Das vuelta una hoja y te detenés un momento para pensar cuándo fue que dejaste de leer cómics para leer libros como ése. Estás casi al último de una larga hilera de asientos, inmune a las señoras ancianas o a las jóvenes embarazadas que le disputan el privilegio de sentarse a los pasantes de los de más adelante. No hay nada que pueda interrumpir la intensidad con la que tus ojos fulminan cada palabra en letra de imprenta.

Afuera se arremolinan nubes como de lluvia. La ventana contra la que vas apoyado está a penas abierta y hay un hilo de aire húmedo que te promete una buena noche para tomar café y leer. No te importa que sea viernes. Llegás por fin al departamento y ponés a hervir el agua. Hay una cafetera eléctrica en un costado, que no usás hace tanto tiempo que quizá ya no funcione. Te la regaló tu hermano, que sabe de tu afición al café por sobre todo. La usaste una sola vez, una noche como la de hoy, pero hace muchos años. Aunque ese departamente no es realmente tuyo, estás mejor que en tu casa. Abrís el ventanal del balcón, ves algunas luces prenderse en otros departamentos, otros ventanales que se abren. El libro ha quedado semi abierto sobre la mesa, las hojas se desordenan con el aire que entra.

En otra época te hubiera parecido una herejía gastar un viernes encerrado. Te acordás que era Sofía la que prefería estas cosas, y vos te burlabas tanto de ella por eso, aunque ya de grande y a lo mejor queriendo un poco sucumbiste a su afición. Ahora, que más que nunca sentís cómo cada parte de tu cuerpo irradia una virilidad implacable, te dan ganas de quedarte encerrado, escribiendo, leyendo, oliendo el café que ya se enfría sobre la mesa junto a tu libro, junto a tu noche de viernes y junto a ese nombre que pasa volando como ventisca de otoño sobre las hojas y se pierde en un recuerdo lejano, casi como el recuerdo de un sueño.


Anna.

noviembre 05, 2015

-No entiendo. Me habías dicho: "No nos vamos a ver más. Somos libres". Yo me quedé muda mirándote la espalda y te perdiste en la esquina de la estación. ¿Qué esperabas? ¿Que te corriera atrás? ¿Que te llamara a gritos? ¿Para qué quería yo esa libertad que me regalabas? ¿Para qué la quería?

Eduardo Galeano
Fragmento de "La canción de nosotros"

noviembre 01, 2015

Eran
tres
lunares
perfectos,
secretos,

uno arriba del labio
otro sobre la frente
uno justo en el cuello.

Era
un camino
rumbo al cielo
que iba
de bajada.

Ahora
sólo hay
pedazos
de palabras,

undolorquenotienenombre.

Mi alma
hace
años que
no existe

pero este
ardor
en el pecho
es siempre

siempre

tan nuevo.

julio 20, 2015

A vos

He vuelto a vos
mi nido,
mi centro,
mi ancla.

He vuelto, pero sabés que me voy
mi alma está inquieta
aunque una vez más vuelva
a acomodarme en tu recodo.

mi norte es estar perdida
no soy de los que nacen derechos
pero hay algo aquí que consuela,
algo que adormece.

Y siempre vuelvo a vos,
mi ancla,
mi centro,
mi nido.


Anna.

mayo 09, 2015

"Estás encerrado, supongamos, penando tus penares, tus penas de verdad, penas del dolor y del horror, y también las otras, tus penas tontas y tantas: estás condenado, supongamos, a pena perpetua, prisionero de la tristeza en celda solitaria, incomunicado y sin visita. Y de pronto, supongamos, aparece una pulga, inesperada, que se pone a practicar piruetas de circo en la palma de tu mano. Una pulga: una palabra. Una palabrita, que llega sin aviso, y juega."

E. Galeano

febrero 28, 2015

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.


II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina


Jorge Luis Borges

noviembre 24, 2014

En verdad,
crees que siempre
estoy alegre
y que nada me duele.
Ni tu partida.
Ni tu regreso.
Ni el frío
que nacerá
cuando de mí
te ausentes.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Con tus años,
tú no conoces
la soledad.
A tu edad,
se la oye nombrar
a menudo
como a un pariente
muy lejano,
que nos alumbra,
desde lejos,
el fondo
del pecho.

Y uno cree
estar tan solo
y tan triste,
que la risa
de otros
nos parece
nacer
en la alegría.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Pero uno se equivoca.
Y pronto descubre
estar avanzando por el tiempo.
La soledad, entonces
ya no tiene la edad
de nosotros,
sino la edad del alma.

Ahora tienes
que mirarme el alma,
para saber si estoy
solo conmigo,
cuando te marches
mañana.
Sábelo,
todo lo tuyo
me importa en extremo.
Tu mano,
dulce y pequeña,
guarda mi rostro,
mis cabellos,
mis labios
encerrados
en su cuenco
moreno.
Tus labios
hechos
para que yo
los besara,
me guardan
en su húmedo
mundo.
Tu pecho,
está invadido
por mi tacto
salvaje,
que te busca
intranquilo
por las tardes.

Tú lo sabes.

Cuando te vayas,
algo de mí
se irá contigo,
no lo olvides,
alma mía.

Pero cuando vuelvas
puede que ya no
regreses conmigo,
porque ya me habrás
abandonado.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.
Tal vez
cuando tú vuelvas,
ya me haya marchado
para siempre de la vida,
sin que tú lo comprendas,
ni yo lo haya querido.
Pero antes, amor mío,
quiero que siempre
creas en mis labios.
En mi voz.
En mis combates.
Aun cuando no volvamos
a estar juntos
por las tardes.
llenas de viento
y jacarandaes.
Y que me mires como soy:
el más alegre de todos,
pero también el más triste.

Uno es así de extraño
cuando se tiene mi edad
y se lleva la gravedad
del mundo en la sangre.

Me gusta luchar,
para que todos podamos
ser felices algún día.
Lo sabes, amor mío.
Pero también
me gusta amarte
cuando hacia mí
vienen tus pasos.
Y sé que dudas tanto.
En verdad de verdades,
deberías quedarte
conmigo
para todos los tiempos.
Pero te vas,
sin que yo sepa
si volveremos
a vernos
solos
por las tardes.

Es tan extraña
y tan compleja
la vida,
que cuando vuelvas
puedes traer
otro nombre
escrito en las pupilas.
Amor mío,
lo sé, porque
también soy inconstante.


Otto René Castillo

noviembre 19, 2014

Qué vas a entender vos, es como si te sacaran los oídos y los cocinaran en consomé, ¿y qué ibas a hacer sin música en tu vida, ah? ¿AH? Y nada, obvio, seguir viviendo, o a lo mejor tirarte debajo de un colectivo, con algo de suerte volver a nacer perro o gato pero tener oídos. ¿Qué vas a entender de mí, de la sordera, más que un miedo ciego, un miedo irracional? Si no tenerte es como no tener palabras, sos todo lo que no se puede decir de otra manera. ¿Dónde estás, con quién estás? Me han dicho que estoy enferma y me la he creído, la gente por ahí va y se enamora y desenamora como quien tiene hambre y lo sacia con un guiso, y yo acá sin dormir, no importa el tiempo, me pisaste tantas veces y yo no duermo pensando en vos ¿entendés? ¿ENTENDÉS?
¿Acordarme de vos todo el tiempo sabiendo que vos no te acordás de mí?
¿Sucumbir a buscar de nuevo tu boca, descubrir que ya no es mía, que nunca lo fue?
¿Extrañarte porque estás lejos o tenerte al lado y extrañarte?
Vos nunca me pediste nada, siempre fuiste tan ajeno, tan independiente, tan libre.

Si vos me hubieras pedido, yo te traía la luna de Famaillá, dejaba subir al perro a la cama. Si hubieras gritado, si hubieras llamado. Si me hubieras dicho que estaba equivocada, si me hubieras mentido, no importa. Las cosas son así.



noviembre 12, 2014

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, 
lámparas y la línea de Durero, 
las nueve cifras y el cambiante cero, 
debo fingir que existen esas cosas. 

Debo fingir que en el pasado fueron 
Persépolis y Roma y que una arena 
sutil midió la suerte de la almena 
que los siglos de hierro deshicieron. 

Debo fingir las armas y la pira 
de la epopeya y los pesados mares 
que roen de la tierra los pilares. 

Debo fingir que hay otros. Es mentira. 
Sólo tú eres. Tú, mi desventura 
y mi ventura, inagotable y pura.


Jorge Luis Borges

octubre 26, 2014

Sé que estás ahí
sé que estás leyendo esto.
Preparate.

Cualquier día de estos
no necesariamente
una noche lluviosa
-quizá sí, quién te dice-

No me vas a ver pasar
por la ventana de tu balcón
nada te va a avisar
-sólo este poema-

Como el fantasma de
un recuerdo
voy a resucitar
de entre tus muertos

te voy a revolver las sábanas

recorreré nuevamente
los caminos de tu cuerpo

Sin culpa,
con ganas,
No vas a saber
qué viento te golpeó
cuando abrás esa ventana.


Anna.

octubre 21, 2014

Un día...

Andas por esos mundos como yo; no me digas
que no existes, existes, nos hemos de encontrar;
no nos conoceremos, disfrazados y torpes
por los caminos echaremos a andar.

No nos conoceremos, distantes uno de otro
sentirás mis suspiros y te oiré suspirar.
¿Dónde estará la boca, la boca que suspira?
Diremos, el camino volviendo a desandar.

Quizá nos encontremos frente a frente algún día,
quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.
Y ahora me pregunto... cuando ocurra, si ocurre,
¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?


Alfonsina Storni


octubre 07, 2014

"Eras diferente a todos los demás, te rodeaba un aire extraño: daba la impresión de que si se nos acercábamos mucho nos absorberías, ya no seríamos más nosotros sino parte irrevocable de vos, de tu mundo. No me preguntés qué mundo era ese, pero todos sentíamos que era algo peligroso.
Era eso. Uno tenía la impresión, si estaba demasiado cerca tuyo, de que estaba en peligro. Tu mundo era un desierto infinito, y creo que vos lo sabías, cuando nos mirabas reirnos con esos ojos ardidos y nosotros creíamos que nos odiabas porque no podíamos entenderte, teníamos miedo de ser fagocitados por esa soledad tan inexorable. Habrá sido eso el peligro que percibíamos, sin saber: te alejábamos porque tu mirada llena de arena amenazaba con descubrir algún terrible secreto dentro nuestro. Si hubiéramos sabido entenderte entonces, quizá habríamos podido salvarte y salvarnos a nosotros con vos, si hubiéramos podido ver que no era odio lo que tenías sino la carga de quien conoce ese secreto, el secreto del desierto. Tu mirada de beduino conocía todos los caminos inexistentes en la arena, era la mirada de quien sabe que no importa dónde vaya, jamás llegará a ningún lado, porque alrededor nunca hay ni habrá nada, porque esos infinitos kilómetros de calor ardiente y vos eran una sola cosa. Llevabas el desierto encima, vos eras el desierto. Y tu nombre nómada vagaba en algún lugar sobre aquellas dunas, a pesar de todo, esperando encontrar; y nos mirabas, y sonreías hacia el costado esperando ser salvada. Si hubiésemos sabido entenderte entonces."


Anna.

septiembre 25, 2014

Mucho más allá

¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.

Alejandra Pizarnik

A. Vivaldi - Violin Concerto A Minor (Itzhak Perlman)



septiembre 19, 2014

Alcarnor. Alcarnor, Alcarnor, Alcarnor. Lo pronuncia muchas veces bajito tratando de hacerlo suyo, la A gigante como para comer un pastel de Aimee, la L, la C como una piedra en un río, la otra A, R como ronroneo de gato, N como un nudo en la garganta, O, un gato dormido junto a un fuego en invierno.

¿Qué hacés? le pregunta él en lengua común. Está medio dormido. Avy le sonríe acariciándole una oreja, esa oreja tan diferente a la suya. Todo en él le parece extraño, extravagante. Alcarnor se vuelve hacia ella con los ojos semi abiertos, el enorme cuerpo moreno tallado a fuerza de entrenamiento y guerras y más entrenamiento, un cuerpo duro por el sol, por los maltratos de las campañas, y sin embargo, tan vulnerable así, desnudo. Decime tu nombre, le pide otra vez.

Alcarnor, dice él. ¿No te cansás, no?

Ella se ríe con esa risa cantada que tanto le gusta a él.
Otra vez. Alcarnor. Otra. Alcarnor. ¿Tanto te gusta?

Avy no contesta. Garabatea las letras en el aire, luego sobre él, las saborea en su boca, las olfatea en todo su cuerpo, las hila cuidadosamente para pronunciar al nombre como él lo hace, la A entre su pelo, L como el puente entre su pecho y el de él, la C dentro de su boca, otra A sobre su pecho que sube y baja agitado, después la R en un gruñido, la N bajando por su cuerpo hasta la O en su obligo hondo como un universo para entrar directamente en su nombre con esa tosquedad grave tan de humano, tan de humano, con sonidos que son tan extraños para su lengua, como todo él para el resto de su cuerpo. Alcarnor, tan humano, tan suyo, y de nuevo tan humano.




Anna

agosto 27, 2014

Hay tantas cosas que no entiendo.
la política
el fútbol
eso que llaman Dios
las códigos sociales
las normas de conducta
la física de las manzanas
la química de los cuerpos
tu sarcasmo
nuestra ironía.
La verdad es, igual
que nunca quise saber todo
me conformaba
con tan poco.
La verdad es, igual
siempre hubo tantas cosas
otras cosas
y era suficiente.
Eso que creíamos entender
que nos hacía el mundo
más chico
más seguro.
La verdad es, igual
vos eras mi manera de
olvidarme del miedo
porque en el fondo
es siempre eso
hay tantas cosas que no entiendo
y tengo siempre tanto miedo
de todo.



Anna.



julio 11, 2014

Siempre me han dicho que exagero, porque no hace tanto frío. Me ven de bufanda y gorro y se me ríen, me dicen que debe ser que el frío me sale de adentro. Debe ser. En invierno siempre me congelo en muchos sentidos, se me caen las hojas, como a los árboles, no tengo con qué defenderme de la gente, del clima, de la tristeza. Por demás, la estufa del consultorio no anda y los dedos se me ponen violetas después de un rato de escribir, aunque la gente que va y viene de la calle dice que acá adentro se está bien. Sí, puede ser, me digo, me hago un té, escucho música mientras charlo con los pacientes, tomo los turnos. Acá adentro se está bien. Sobre la vereda hay un naranjo repleto de frutas, de vez en cuando alguien abre la puerta y con la ráfaga helada entra el olor a naranja amarga. Acá adentro los doctores se ríen, me hacen bromas cuando me ven dibujar o bordar para matar el tiempo, me regalan chocolate, me dicen que el café está rico. Se hacen las nueve y casi siempre me busca algún amigo, salimos al frío, con la nariz y las orejas rojas, nos sentamos en un bar, hace diez grados pero igual nos tomamos una cerveza. Se está bien, tomando cerveza con bufanda, amontonados en bares casi vacíos en días de semana, riéndonos de las cosas que me contaron los pacientes o charlando de alguna película. Ahora veo películas. Se está bien así.
Algunas veces me ataca la melancolía y pienso en el verano, pareciera que el ciclo inevitable que lo traerá de nuevo se detuviera, el verano es otro país, otro tiempo. En la primavera me espera una muerte segura, la muerte antes del nuevo verde. Pero al final, después, siempre llega. Siempre.


mayo 13, 2014

"El cuerpo de estudiantes de la Facultad de Ciencias Psicológicas de la solemne Universidad del Norte de la República de Checoslovaquia, más conocido como el CiPNoRC, dedicó una semana entera a juntar firmas para avalar la propuesta de un nuevo beneficio para los estudiantes de la entidad académica.
El mismo fue designado unánimemente por los miembros del cuerpo como el SEA, Servicio de Emergencia de Abrigos, para todos aquellos alumnos regulares de la carrera que por razones de fuerza mayor se encontraran impedidos de concurrir a las clases con la vestimenta coherente con la corriente estación del año, o que ante un imprevisto se viesen desprotegidos contra la misma.
Con el fin de garantizar un servicio basado en la equidad y la justicia como valores primordiales, el SEA se ha dispuesto un termómetro que avala la accesibilidad a la prestación bajo temperaturas inferiores a los 15°C, 59°F. El mismo ha de ser comprobado feacientemente antes de acceder a los beneficios; estos incluyen una selección de camperas, sweaters, medias, gorros y otras prendas clasificadas rigurosamente por el CiPNoRC como idóneas, como así también un dispenser de agua caliente y un equipo de colchas, a los cuales los estudiantes pueden acceder fácilmente con la credencial del SEA o libreta universitaria con (re)inscripción actualizada, todos los días de lunes a viernes, de ocho de la mañana a seis de la tarde.
Es del agrado del CiPNoRC declarar el óptimo funcionamiento de su nueva iniciativa que lleva ya en funcionamiento, desde el pasado abril, dos meses de orgullosa prestación con excelentes resultados: los estudiantes de la Facultad de Ciencias Psicológicas no han vuelto a elevar quejas por la falta de calefacción en el edificio."


Anna.